Los que antes compraban pisos, ahora compran tierras en países pobres
Si el presente ya es terrible, el futuro será aún más negro. Así lo denuncia la ONG internacional Oxfam, que denuncia que la especulación con tierras de cultivo en los países en vías de desarrollo, por parte de especuladores, fondos de pensiones y de inversión y empresas en general es mucho mayor de lo que se pensaba. El resultado de todas estas operaciones serán conflictos sociales y armados, hambre y violaciones de los derechos humanos.

Millones de hectáreas, principalmente en África, se compran o arriendan a través de inversionistas internacionales en miles de acuerdos secretos. Esto ocurre desde 2001. La inversión que fracasó en el mercado inmobiliario de Estados Unidos está pasando a la tierra africana y a la de otros lugares del mundo. Además, tienen buenas excusas: cultivar alimentos para los países que pasan hambre o producir biocombustibles, lo que beneficia al medio ambiente y es un medio para luchar contra el cambio climático.

Según Oxfam, muchas de estas compraventas de tierra son, en realidad, acaparamientos de tierras. Es decir, que dentro de unos años, gran parte de las tierras sólo tendrán un dueño o, a lo sumo, unos pocos, y podrán decidir qué hacer con los cultivos, a quién venderlos y por cuánto venderlos. Los derechos y las necesidades de las personas que viven de la tierra se tendrían que tener en cuenta. Si no, se quedarán sin futuro. Ya se están quedando sin futuro. Sin hogar, sin tierra para cultivar alimentos suficientes para comer ellos mismos y sus familias, sin, en definitiva, un medio para ganarse la vida.

Muchas de las personas más pobres del mundo se están viendo abocadas a esta situación por una especulación de tierras sin precedentes en la historia de la humanidad. Además, según un informe de la ONG, este proceso seguirá aumentando. Y empeorando. La demanda de alimentos crecerá por el aumento de la población mundial, mientras que los recursos naturales sufren una enorme presión a causa, entre otros factores, del cambio climático y el agotamiento del agua. Además, se transformarán tierras en las que se cultiva alimentos para producir biocombustibles, para proyectos de secuestro de carbono y conservación de los bosques, o para producir madera. Problemas importantes a los que hay que enfrentarse, pero no tanto como el hambre. Gran parte de la apropiación de tierras se ha impulsado por la expansión de la caña de azúcar y la palma aceitera para la producción de biocombustibles.

Bancos de tierras

Algunos de estos inversionistas, para más inri, no saben nada de producción agrícola. Simplemente compran tierras pensando que su precio aumentará en los próximos años. Ya han bautizado al proceso como “bancos de tierras”.

Los países en desarrollo poco pueden hacer. Se encuentran bajo la presión y las condiciones del FMI (Fondo Monetario Internacional), el Banco Mundial y otros bancos locales, y se ven obligados a poner las tierras agrícolas en el mercado internacional. Miles de personas han sido convencidas para que ceder sus tierras con falsas promesas en Indonesia. Peor aún es la situación en Uganda, Guatemala y Honduras, donde los agricultores directamente han sido expulsados de sus tierras.

En otros países, como Etiopía, Ghana, Malí, Senegal, Mozambique y Tanzania, se cultivan productos básicos de exportación, así como materia prima para producir biocombustibles. Pero la mayoría de los habitantes de esos países no tienen qué comer. En Mozambique, donde aproximadamente el 35% de los hogares sufre de hambre crónica, sólo 32.000 hectáreas de las 433.000 negociadas entre 2007 y 2009 han sido destinadas a cultivos alimenticios.

La organización Oxfam ha producido un cortometraje en el que explica en clave de parodia la situación. Puedes verlo aquí. Pero, aunque se lo toma con cierto humor, no está muy lejos de la realidad. Y la realidad es que dentro de muchos años el hambre en el mundo crecerá de manera alarmante. La humanidad camina hacia atrás.