Inconvenientes revolucion renovable alemana
Alemania era ya una potencia en energías renovables antes de iniciar su famosa transición energética bautizada como Energiewende, con la que se pretende abandonar la nuclear para 2022.

Sin embargo, este proyecto (que lleva incubándose tres lustros y cobró fuerza tras la catástrofe de Fukushima, en 2011) ha marcado un punto de inflexión, convirtiéndola en un referente a nivel mundial como modelo para la transición a una economía baja en carbono. ¿Pero, realmente es un proyecto modélico?

Que es un modelo no puede dudarse, entre otras cosas, porque es el primero y hoy por hoy el único referente, pero tiene sus talones de Aquiles. También es de cajón que son muchos los problemas que deben enfrentarse, los obstáculos que han de superarse. La meta es tan ambiciosa que, bien pensado, no podía ser de otra manera.

Los retos de la revolución renovable alemana
Ser innovadores y proponerse un cambio tan drástico es lo que tiene, en especial porque se les examina con lupa. No en vano, todos los ojos están puestos en esta apasionante aventura.

De su éxito o fracaso podría depender que otros países acaben por decidirse a imitar su apuesta por las energías limpias. Una apuesta arriesgada que está poniendo a prueba ese rasgo germano de la perseverancia.

Los retos de la revolución renovable alemanaPor lo pronto, con el viento a veces a favor y otras en contra, la revolución energética sigue su camino, directo hacia el éxito. En este post vamos a repasar algunos de los problemas e inconvenientes que están surgiendo durante su desarrollo.

Sin poner en duda los enormes éxitos que están cosechándose año tras año, también es cierto que el proyecto tiene puntos débiles que podrían impedir un happy end con fundido a verde.

La revolución energética

Pero démosle a la moviola. Situémonos en el punto actual. ¿Cómo van las cosas en tierras germanas, se están alcanzando objetivos? Y la respuesta es sí, un sí rotundo. Las inversiones en energías renovables son muy importantes desde el sector público, privado y a nivel particular.

Como resultado de ello, las energías renovables no dejan de crecer. El 25 de julio de 2015, las energías renovables abastecieron a Alemania el 78 por ciento de su electricidad. De nuevo, un récord, pero fue efímero, ya que duró un solo día. El objetivo para este 2015 es alcanzar el 33 por ciento del consumo bruto de energía en el país.

Los retos de la revolución renovable alemanaDe un 27 por ciento de energía verde a princpios de año a un 33 por ciento como meta al finalizar el año. Son metas realistas, que se basan en la producción de distintas fuentes renovables, en especial la eólica y solar. Su creciente peso en el mix energético obedece a una

También se ha avanzado de forma meteórica en eólica marina. Según el Centro de Información y Documentación sobre Alemania (CIDAL), el país está a punto de convertirse en el primero de Europa en energía eólica en alta mar.

Su creciente aumento no es casual. Es un logro más del programa del Energiewende. A tal fin, el gobierno federal persigue que los parques eólicos en alta mar produzcan 6.500 megavatios (MW) en 2020. Una gran ayuda, sin duda, para que la revolución energética alemana alce el vuelo como lo está haciendo.

¿Conseguirá su objetivo?

A este ritmo, y con estos resultados, parece que al Energiewende nada se le resiste. Pero no es así. Muy al contrario, existen problemas, y algunos son realmente difíciles de resolver.

Los retos de la revolución renovable alemana
El constante aumento del gasto podría acabar siendo un problema insuperable. Y es que ser verde es caro. Se entiende, lógicamente, serlo sin perder calidad de vida ni competitividad.

Es la cruz de la moneda. Mientras la cara lanza destellos que deslumbran a activistas y en foros como la COP21, que se iniciará el 30 de noviembre en París, la cruz proyecta su lado oscuro.

Los costos se refieren tanto a la sobrecarga fiscal que implica a nivel ciudadano como a presupuestos que demuestran ser a todas luces insuficientes o el mismo gasto total estimado para la Energiewende.

Según un estudio del Fraunhofer Institut publicado este mes, la Energiewende costará alrededor de 1,1 billones de euros. Una cifra estratosférica en sintonía con los objetivos marcados: abandonar la nuclear en apenas 7 años y obtener el 80 por ciento de energía de las renovables. Es decir, hacer lo necesario para reducir las emisiones de carbono hasta que prácticamente sean igual a cero.

Los retos de la revolución renovable alemana
Buena cura para el planeta pero… ¿y los efectos secundarios? Esos gastos que pesan cada vez más. Tanto que podrían acabar cobrándose un precio demasiado alto.

Según la firma de investigación estadounidense IHS, la dependencia alemana de las exportaciones podría ser un problema para que el programa energético llegue a buen puerto. O al contrario, si la Energiewende culmina con éxito, el bienestar alemán podría resentirse.

La consultora basa sus conclusiones en datos actuales, señalando que el precio de la electricidad para la indsutria ha aumentado en Alemania “seis veces más rápido” en los últimos años que en Estados Unidos o China.

De hecho, perder competitividad por el encarecimiento del precio de la electricidad es uno de los mayores miedos de las empresas alemanas, y también de los ciudadanos, ya que las tarifas de energía renovable también se han disparado.

Descartadas las energías nucleares, el país tampoco tiene otra salida. Si bien el movimiento antinuclear del país no contaba con el suficiente apoyo ciudadano, la catástrofe nipona tornó la indiferencia en pánico. Fue entonces cuando se creó el caldo de cultivo idóneo para lanzarse al vacío, y Angela Merkel decidió hacerlo.

Eso sí, esperando que los brazos de las renovables detengan el impacto. Por ahora no hay signos de que el costo creciente de la energía esté debilitando a la economía germana. Aunque los hubiera, a estas alturas de la película no hay vuelta atrás. Afortunadamente.