Los ricos destruyen el planeta
El periodista francés Hervé Kempf, en su libro Cómo los ricos destruyen el planeta, no se corta al señalar a los culpables del desastre ecológico que sufrimos: las oligarquías son las principales responsables de este desastre. Si no se logra frenar el crecimiento insostenible que, en la actualidad, se desarrolla en todo el mundo, este planeta o, al menos, la vida humana tal y como la conocemos ahora, desaparecerá.

No es la primera vez que el periodista francés mete el dedo en la llaga e indigna a lectores, políticos, empresarios, colegas periodistas… Hervé Kempf se dedica al periodismo medioambiental desde hace casi quince años, escribiendo en el periódico Le Monde.

La idea que subyace en el libro de Kempf es sencilla. El sistema económico actual, el crecimiento sin límite, condena al planeta y los que impiden el cambio son una minoría, unos pocos oligarcas. Es un análisis socioeconómico de la actualidad. La voracidad capitalista, no sólo desprecia los derechos de los trabajadores y, cada vez más, las libertades y derechos fundamentales, sino que contribuye al cambio climático y reduce el bienestar del planeta.

Por supuesto, hay solución al problema (como la ha habido siempre ante cualquier problema al que se haya tenido que enfrentar el ser humano en la historia de la humanidad). La Historia está planteando un desafío que no había existido hasta ahora. Esa minoría no va a tratar de solucionarlo (aunque algunos disimulen y hagan creer que sí, que tienen la voluntad de hacerlo), no van a renunciar a sus privilegios. El problema sólo podrá ser resuelto por la mayoría. El primer paso es ser conscientes de la envergadura del problema.

La especie humana lleva desarrollándose sin límites (económica, social y demográficamente) durante milenios, pero ahora ese crecimiento choca con los límites de la biosfera, con los recursos finitos del planeta. La propia humanidad pone en peligro su porvenir, su futuro.

Hay que encontrar encontrar los medios para reorientar la energía humana. El progreso no tiene por qué estar reñido con le respeto al planeta. El problema ya lo expuso Gandhi:

La Tierra da recursos para las necesidades de todos, pero jamás dará suficiente para colmar la avaricia de unos pocos.

No es una frase vacía y sin sentido. Existe una competición entre los más ricos por comprobar quién tiene el yate más largo. Esa gente es la que está destrozando el planeta. Sin ningún tipo de remordimiento. Millones de personas frente a unos pocos “megarricos”.