Los suelos españoles se mueren
Tenemos la suerte de poseer una gran variedad de suelos en España, de las mejores tierras de Europa y del mundo entero. Sin embargo, nos lo estamos cargando. Amenazas tan agresivas como la agricultura intensiva, la construcción o la contaminación han provocado que la calidad de los suelos se vea mermada. Todo ello sin tener en cuenta que el bienestar de los ciudadanos depende de su buen estado, pues las iniciativas de restauración de los suelos españoles son muy escasas. Se necesitan medidas urgentes para su recuperación, antes de que sea irreversible.

En general, la conservación del suelo en el mundo es lamentable. La intensa erosión de suelos, los factores climáticos, la abrupta orografía del terreno, la salinización y el desprecio por su preservación son las principales causas de su pérdida y degradación. Todo eso sumado a la fuerte erosión hídrica, los incendios forestales de cada verano, la contaminación atmosférica y la urbanización de zonas verdes habrían llevado a estas zonas a su precaria situación actual. Los suelos españoles se mueren.

Es evidente que la vida sobre la Tierra no sería posible sin un buen suelo. Por lo tanto, su conservación debería de ser una prioridad. Si el suelo se pierde o degrada, la biodiversidad y los ecosistemas también se ven afectados. Un suelo en mal estado no es capaz de retener el agua de las precipitaciones, por lo que el ciclo hidrológico también se resiente. Y si un suelo se contamina, su influencia se nota en el agua y el resto de sus elementos. Los seres humanos dependemos en gran medida de los alimentos y productos que generan nuestras tierras, al final nosotros seremos los grandes afectados por el mal estado de este recurso.

Los consumidores podemos ayudar comprando productos ecológicos que no hayan utilizado pesticidas de forma intensiva. Fomentar las prácticas de consumo respetuosas con el medio ambiente.