Los tiburones matan diez veces menos que las medusas
Como reza el famoso dicho, no es tan fiero el león como lo pintan, y la frase sigue siendo válida si sustituimos al león por el tiburón. Muy al contrario, las aparentemente muchos más inofensivas medusas cada año se cobran la vida de un centenar de personas, diez veces más que las muertes humanas provocadas por tiburones.

Que las medusas las matan callando, como también diría la sabiduría popular, es una realidad apoyada en cifras que sorprenden si las comparamos con las de otros animales, como los tiburones, si bien sus ataques son menos espectaculares y, por lo tanto, la repercusión mediática también es infinitamente menor.

En lugar de dar dentelladas, a falta de las impresionantes mandíbulas que se gastan los tiburones, las medusas pican y producen un punzante dolor que puede desde simplemente fastidiar unas vacaciones hasta provocar la muerte.

Así, si de estadística pura y dura hablamos, con menos de diez muertes anuales de promedio, los tiburones son bastante menos peligrosos que estos seres gelatinosos, cuya cifra media de muertes alcanza el centenar. Igualmente, hay muchos otros animales que superan con diferencia a medusas y escualos en número de muertes, como los elefantes, los escorpiones o las serpientes, con 600, 5000 y 100.000 muertes al año, respectivamente.

Los tiburones matan diez veces menos que las medusas
La especie humana, sin embargo, sí supone un peligro real para el tiburón, pues el número de ataques de los humanos a los tiburones con resultado de muerte ronda los cien millones anuales.

¿Pero, por qué los tiburones atacan a las personas? No hay una sóla respuesta a esta pregunta, pues son muchas las teorías con las que la ciencia intenta responderla. Algunas achacan el aumento del número de ataques a una mayor presencia de los humanos en el mar, por lo que sería simple cuestión de estadística, mientras otras achacan sus ataques a un comportamiento anormal provocado por la ingestión de metales pesados que engullirían por su condición de depredadores en la cima de la cadena alimentaria. Explicaciones que tienen muy poco que ver con su supuesto instinto asesino.