Lucha de camellos en Turquía
Culturalmente, cada país tiene sus costumbres. Las corridas de toros, las peleas de gallos, las carreras de galgos… En Turquía, son muy populares las peleas entre camellos. Cerca de un antiguo templo de la costa de Turquía, cientos de turcos se reúnen para ver estas peleas, comen, beben, gritan. En la arena central, dos camellos árabes adornados para la ocasión, luchan.

Uno de los animales da el golpe de gracia al otro y el propietario del vencedor baila de alegría, sonriendo felizmente. Todo esto ocurre en la costa turca del mar Egeo, una zona turística. Sin embargo, los turistas no suelen acercarse a ver este tipo de espectáculos.

La lucha libre de camellos es, en los lugares donde se practica, considerada un deporte en el que dos hombres hacen luchar a sus camellos. En la región turca del mar Egeo es una tradición, pero hay otras regiones del mundo donde se practica, como zonas de Oriente Medio y el sur de Asia.

Se cree que la lucha de camellos proviene de las antiguas tribus turcas hace más de 2.400 años. Los camellos, cuando están en estado salvaje, luchan, así que se tuvo que originarse antes de que las tribus nómadas domesticaran a este animal. El Gobierno de Turquía comenzó a plantearse la prohibición en la década de 1920. Pero, en los años ochenta, el nuevo Gobierno de Turquía volvió a recuperar la tradición, ya que, argumentaba, era parte de la cultura turca.

En la década de 1850, un oficial del ejército de Estados Unidos, asistió a la lucha de camellos en el Medio Oriente y se propuso establecer un torneo de lucha de camellos en Texas. No tuvo éxito.

Peligro de estampida

Lucha de camellos en Turquía
Los camellos que participan en este espectáculo son bien alimentados para que ganen peso. Como los camellos sólo luchan si están en celo, antes de la pelea, se pasea una hembra joven para que los camellos que van a participar en la pelea se exciten. Se sabe que ocurre esto porque sale saliva viscosa de sus bocas y de sus hocicos. Se proclama ganador el que se apoya en otro sin que pueda levantarse o si el otro sale huyendo. En este caso, más vale que los espectadores se aparten si no quieren que les envista un animal que pesa casi una tonelada.