Malí vende su futuro a empresas extranjeras
Malí es un país al sur de Argelia y cuyo territorio norte forma parte del sur del desierto del Sáhara. El país tiene que hacer frente a problemas medioambientales como la desertificación, la deforestación y la erosión del suelo. Sólo al suroeste del país hay tierra fértiles. Son estas tierras las que están siendo vendidas a empresas extranjeras. No parece una buena idea para los agricultores locales.

El Gobierno de Malí ha permitido durante varios años la inversión extranjera en diversos sectores, lo que puede ser positivo para el desarrollo económico del país africano. Pero vender la tierra cultivable es algo completamente distinto. Un ejemplo de esta política son las 100.000 hectáreas vendidas a la empresa libia Malibya, de una tierra donde se cultiva, principalmente, arroz.

La principal consecuencia de esta venta de tierras es que las tierras más fértiles del país pertenecen ahora a inversionistas o empresas extranjeras. La empresa Malibya está construyendo los que serán los canales de agua más largos del país… y del África subsahariana: cuarenta kilómetros de largo y treinta metros de ancho. Para construirlo, se subcontrató a una empresa china que usa obreros del país asiático. Ya desde el principio esta inversión no parece beneficiar a los malienses. Este contrato de arrendamiento ha sido firmado por los presidentes de Malí y Libia con una duración de cincuenta años. Comercian con una tierra que no les pertenece. Un contrato que privará a los agricultores locales de su modo de subsistencia. No sólo eso. El 80% de la población de Malí depende de la agricultura. La idea de la empresa Malibya es diversificar la producción. Quieren que haya producción ganadera (prevén producir 25.000 toneladas de carne al año) y fábricas de transformación de productos agrícolas.

Libia no es el único país que compra tierra en Malí, también lo hacen Senegal, Sudáfrica o China. Las consecuencias negativas, no son sólo la expulsión de los agricultores locales (que no tendrán otro remedio que trabajar como jornaleros), o la pérdida de la enorme diversidad de semillas de arroz de la región (con la más que posible introducción, además, de semillas transgénicas para aumentar el rendimiento agrícola de los primeros años), sino también el daño medioambiental producido por alterar el caudal del río Níger, el río más importante de la zona y del que depende la economía de muchas familias. Dentro de unos años se verán las consecuencias de esta transformación hecha por la mano del hombre. La empresa Malibya se ha dado cuenta de la importancia de este recurso y ha llegado también a un acuerdo de asignación de prioridades cuando el nivel de agua sea bajo. Lo tienen todo bien atado.

Otras tierras de Malí han sido vendidas a la empresa ToMota, una multinacional dedicada a la producción de agrocombustibles. Una producción que se venderá a empresas extranjeras y de la que la población local no se beneficiará. Grandes extensiones de terreno que se cultivan para producir biocombustibles en vez de servir de alimento para las familias locales.
Malí vende su futuro a empresas extranjeras