<i>Marea Blanca</i>, Coixet homenajea a los voluntarios del Prestige
Se ha presentado el documental Marea blanca, dirigido por Isabel Coixet, un homenaje a los voluntarios que limpiaron el petróleo vertido por el Prestige. Ecología Verde ha tenido la oportunidad de hablar con tres de los protagonistas del documental (Nuria Blanco, Nacho Castro y Soledad Méndez) sobre medio ambiente… y muchos otros temas. Unos 250.000 voluntarios pasaron por Galicia en un movimiento social y solidario nunca visto hasta entonces.

Los tres están muy implicados en la promoción del documental ya que, según cuentan, les interesa: la película es fundamental para que se recuerde todo aquello y no se olvide. El Prestige no es el único desastre ambiental que ha sufrido Galicia. Aún recuerdan el del Urquiola, otro petrolero que, en 1976, vertió unas 100.000 toneladas de crudo al mar. ¿Galicia tiene una maldición?

Nacho Castro muestra cierto pesimismo. “Es inevitable que vuelva a suceder”, dice. Para Nuria, es la primera vez en diez años que se hace “un homenaje como Dios manda a todos los voluntarios”. Y remarca lo de “a todos”. Cuentan historias de otros voluntarios que ya no están, como la de hombre de más de setenta años que se gastaba todo el dinero de su pensión en tabaco para ofrecerlo a los que estaban limpiando las playas y las rocas, o la de Antonio, un lituano al que mató el cáncer. Porque la Marea Blanca no esta compuesta sólo por voluntarios españoles. A las costas gallegas llegó gente de todo el mundo. En el documental, una abuela gallega llora al recordar esa explosión de solidaridad.

– ¿Qué sentís al ver el documental después de casi diez años?

Soledad: Sobre todo, se recuerda lo bueno, con la gente que has conocido y la convivencia. Pero, cuando empiezas a ver las imágenes, empiezas a recordar todo lo malo que pasó. Las botas malas, las mascarillas que no servían para nada…

– ¿Fue peligroso para la salud?

Nacho: Fue peligroso para todo el mundo. No sólo para los voluntarios, también para las poblaciones locales, que estuvieron expuestos a agentes contaminantes cuatro meses.

Sole provenía de Extremadura, Nuria de Barcelona. Nacho es gallego y ha colaborado en Protección Civil durante muchos años.

– ¿Os acordáis del momento en que pensasteis “voy a ir”?

Nuria: Perfectamente. Buf…

Sole: Vi las imágenes del margen y pensé “madre mía…”. Lo llevaban para arriba para abajo, no había una información fiable. Decidí llamar a gente de Galicia para informarme de lo que de verdad estaba pasando. Fue terrible, comenzaron a salir imágenes de la gente llegando a las playas para limpiar con los sachos (azadas), con las horquillas, aperos que yo usaba y pensé “tengo que ir para allá”.

Nacho: El caso es que limpiabas y, al día siguiente, te encontrabas con que todo estaba igual. La marea había vuelto a llenar la costa de crudo. Así varios días. Era tremendo. Una lucha contra la adversidad.

Sole: Más que la solidaridad, a mí me impactó mucho la fuerza de la gente. De defender la tierra, lo nuestro. Yo fui a Galicia pensando que me quedaría quince días y me quedé a vivir.

Nuria: Recuerdo cuando la marea se acercaba a las islas Cíes. Desde el primer momento me apunté de voluntaria en Hospitalet, pero no me llamaban, así que me busqué el viaje por mi cuenta. Como no me podía quedar, fui y volví cuatro veces.

El germen del 15M

Nacho: Yo pienso que el germen de lo que estamos viviendo hoy con lo del 15M estuvo ahí, en la Marea Blanca. Un movimiento social que protesta contra la impotencia que se siente, de la lucha contra la adversidad.

Nuria: Yo soy 15M a muerte. Creo que es la solución que nos queda. Hay que cambiar este mundo, que va muy mal. El chapapote económico actual es mucho más dañino que el del Prestige. Y va a durar más.

– ¿Qué opináis de la respuesta política ante el desastre?

Sole: Vivimos en un Estado negligente. Y estamos empeorando. Queremos ponernos al nivel europeo y somos África.

Nuria: Ya hundieron el Prestige hace diez años y ahora nos van a hundir a nosotros. Somos 15M y antisistema. Y lo digo con orgullo. Este sistema va a acabar con todo. Tiene que haber un cambio de mentalidad. Manda el dinero.

– ¿Qué se puede hacer para que no vuelva a suceder una catástrofe así?

Nacho: Es que no puedes hacer absolutamente nada porque tenemos un modelo social y económico que tiene una dependencia total y absoluta de la energía. Desgraciadamente, vivimos en la era del petróleo, que está dando los últimos coletazos. Aún quedan 50 o 60 años así. ¿Qué se puede hacer entonces? Mejorar los protocolos de actuación, de respuesta rápida ante una emergencia, medios técnicos y humanos, barreras, formación para la gente. Cuando ocurrió lo del Prestige, tuvimos que aprender sobre la marcha. No se sabía hasta qué punto era contaminante o peligroso. Las primeras personas que fueron a limpiar no usaron ningún tipo de protección, ni monos ni mascarillas. Su salud corrió peligro.

– Entonces, había recursos humanos pero no existía organización ni medios técnicos.

Nacho: Tuvimos nuestra propia organización paralela al Estado.

Nuria: El Estado no se enfrentó al problema. Aznar no pidió ayuda internacional. Varios países europeos la ofrecieron. Estaban dispuestos a mandar buques anticontaminación. Recuerdo un artículo aparecido en La Vanguardia que decía que Jordi Pujol había mandado un buque para luchar contra la contaminación y Aznar lo devolvió con la excusa de que tenía pegado al casco mejillón tigre que podía perjudicar el ecosistema gallego. El señor Trillo dijo que las playas gallegas estaban esplendorosas.

Nacho: En este país no se pagan las responsabilidades políticas. Nunca.

– ¿Os cambió en lo personal la experiencia de participar en la Marea Blanca?

Nacho señala a Nuria: Nosotros nos casamos. Y tuvimos una hija.

Sole: Yo me fui a vivir a Muxía. Y tengo dos niñas.

Estos tres voluntarios son una muestra de lo que ocurrió en Galicia, de cómo la gente colaboró desinteresadamente para limpiar las costas gallegas. Diez años después, Sole, Nuria y Nacho transmiten optimismo y la idea de que, entre todos, podemos transformar el mundo para mejor.