Más de 300 elefantes asesinados con cianuro
Los furtivos están comenzando a recurrir a métodos poco ortodoxos. Si ya es una salvajada matar a los elefantes a disparos, ya sea para extraer el marfil de sus cuernos o como mero entretenimiento (no sabe uno lo que es peor), ahora hay mafias que colocan trampas con cianuro. De este modo, los paquidermos mueren en masa.

Ha ocurrido en Zimbabue, en el sureste del continente africano, donde más de trescientos elefantes han perecido por esta causa durante los tres últimos meses. Por si fuera poco, y como era de esperar, no sólo han muerto los elefantes, sino también muchos animales que se alimentan de su carroña. Eran cadáveres envenenados, ya que el cianuro persistía.

Se considera esta matanza de elefantes como la más numerosa de los últimos 25 años en todo el continente. Para más inri, ha ocurrido en el Parque Nacional de Hwange, el más grande del país, donde se supone que deben estar protegidos y donde viven la mitad de los más de 80.000 elefantes que hay en Zimbabue.

En las imágenes que ha publicado el periódico Telegraph se pueden ver zonas llenas de manadas de elefantes muertos junto con los animales que comieron de su carne envenenada.

Todo el ecosistema alterado

El uso masivo del cianuro es un grave problema. Las organizaciones ecologistas y por la defensa de los derechos de los animales están muy preocupadas. En primer lugar, porque peligra la supervivencia de las especies en riesgo de extinción. Y, en segundo lugar, porque todo el ecosistema se puede ver alterado peligrosamente. Las autoridades han dado una cifra de no más de un centenar de elefantes muertos, pero los cazadores legales han asegurado que han visto a más de trescientos.

Más de 300 elefantes asesinados con cianuro
Los cazadores furtivos echan cianuro en los depósitos de sal y en las charcas del sureste del parque, donde acuden los animales a beber en masa durante la estación seca. Los elefantes, a pesar de su tamaño, mueren casi instantáneamente. Pero el veneno sigue en su cuerpo y mata a leones, hienas y buitres. También los animales que van a beber a las charcas, como los búfalos o los antílopes, pueden morir por envenenamiento.

Las autoridades creen que los responsables son mafias locales que venden los colmillos a delincuentes extranjeros que los distribuyen por Asia.