Más mercurio en los pescados
Según la organización Ecologistas en Acción aumentaron las notificaciones por contenido de mercurio en el pescado durante el pasado año 2009. En 2008 habían disminuido este tipo de notificaciones y parecía que la tendencia iba a cambiar, pero todo fue una falsa alarma. Este incremento de notificaciones puede deberse a dos causas: el propio incremento de avisos o al aumento de la importación de pescado procedente de caladeros con altos niveles de mercurio. Para la organización ecologista los límites de mercurio en pescado permitidos por la Unión Europea no protegen de manera suficiente la salud.

Las notificaciones por mercurio en pescado son publicadas por el sistema de alerta rápida para piensos y alimentos (RASFF, por sus siglas en inglés). La situación actual, con 92 notificaciones, concuerda con la tendencia observada en los anteriores informes, aunque es inferior a las de 2007, año con el número más alto de notificaciones de la década.

De estas notificaciones, 23 casos tienen su origen en España, 17 de alerta y 6 de notificación, y en su mayor parte han sido notificadas por Italia, el mayor importador de pescado procedente de España. Esta información coincide con la publicada en el informe anual de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, en la que, de las 186 notificaciones tramitadas como alerta, 91 han sido de productos de origen animal, con 51 incidencias relacionadas con pescado y derivados. De éstas, la mayoría lo fueron por la detección de presencia de niveles de metales pesados por encima de los límites establecidos en pez espada.

Según la normativa comunitaria, el nivel máximo permitido de mercurio en los productos pesqueros es de 0,5 miligramos por kilogramo. En ciertas especies (como el pez espada, el tiburón o el atún) se permite un nivel máximo superior, de un miligramo por kilogramo. Sin embargo, estos límites establecidos por la Unión Europea son menos estrictos que los establecidos por el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA) y referidos a la ingesta máxima semanal de metilmercurio (1,6 microgramos por kilogramo de peso corporal por semana). Este criterio se ha establecido para proteger al feto en desarrollo expuesto al metilmercurio a través de alimentos contaminados ingeridos por la madre embarazada.

El mercurio puede ser transportado a grandes distancias una vez se ha emitido a la atmósfera. En un ambiente acuático, el mercurio se transforma en metilmercurio, una potente neurotoxina, que se acumula en los peces y en los animales y los humanos que los consumen. Cuando es ingerido por mujeres embarazadas, el metilmercurio atraviesa la placenta y se acumula en el cerebro y el sistema nervioso central del feto en desarrollo. Incluso cantidades relativamente despreciables pueden producir serios retrasos motores o de comunicación. El mercurio nunca desaparece del medio ambiente, asegurando que la contaminación de hoy seguirá siendo un problema en el futuro.