Megapresas en India: un desastre ecológico y humano
Parece una (terrible) moda mundial. Construir grandes presas que perjudican a los ecosistemas y obligan a la gente a abandonar sus pueblos, que quedarán inundados. Después de la Presa de las Tres Gargantas en China y, si no se remedia, la de Aysén, en Chile, en la India se planea un proyecto de similares características.

Pongging es uno de los pueblos que desaparecerá bajo las aguas. El proyecto de la central hidroeléctrica del Bajo Siang, una de las muchas polémicas presas planificadas en Arunachal Pradesh, en el noreste de la India, es el culpable. Pero no sólo desaparecerán pueblos, sino también tierras pertenecientes a los Adi, una de las mayores tribus indígenas de la región.

La presa va a hacer desaparecer al pueblo, pero sus habitantes no tienen poder de decisión. Tierras ancestrales, con un valor emocional, que desaparecen por un mal entendido progreso. No se podrá volver a recuperar esa tierra, ni ese pueblo, como no se volverá a recuperar el medio ambiente.

La presa del Bajo Siang no es una excepción. En otras partes del país, las presas se han convertido en un asunto polémico. Provocan el desplazamiento de muchas personas, sin que, a cambio, reciban ningún tipo de compensación. Ni siquiera se les facilita una reubicación adecuada.

Los vecinos de Arunachal Pradesh, al menos, serán compensados: son pocos. Pero será imposible compensar la pérdida de los bosques de la región. Se acusa a las empresas constructoras y a las autoridades gubernamentales de manipular las leyes medioambientales y la oposición de los activistas locales.

El Gobierno de la India dice que Arunachal Pradesh será una potencia energética de la India que producirá 50.000 megavatios. Pero ningún Gobierno se preocupa sobre el bosque que se va a perder para poder producir esa energía.

La resistencia a las presas ha recibido el apoyo de celebridades, como el escritor Arundhati Roy y el actor de Bollywood, Amir Khan, ya que implican el desplazamiento de cientos de miles de aldeanos pobres.

Los proyectos prometen enormes ganancias. La nueva política nacional permite a los productores energéticos privados vender electricidad directamente a fábricas y consumidores y pueden sacar grandes ganancias. Es lo que ocurre cuando se privatizan los servicios esenciales: lo que importa es ganar dinero, aunque sea a costa de que los pobres sean aún más pobres.