Menos peces, menos alimento para aves marinas
La sobrepesca (y otros factores como la contaminación del medio ambiente marino) está reduciendo algunas poblaciones de peces. A menos peces, menos cantidad de comida para las aves que se alimentan de ellos. Así lo ha puesto de relieve un estudio elaborado por un equipo internacional de investigadores.

El número de especies de aves costeras perjudicadas cuando el volumen de peces disponibles es inferior al 33% de la capacidad máxima de un ecosistema es muy elevado. Los hallazgos de este estudio han sido publicados en la revista Science. Es un análisis de la lógica asociación que existe entre depredadores y presas.

Los investigadores, dirigidos por Philippe Cury, del Institut de recherche pour le développement (IRD, Francia) y procedentes de diferentes países como Canadá, Francia, Namibia, Noruega, Sudáfrica, Suecia, Reino Unido y Estados Unidos, evaluaron datos acumulados durante casi 450 años de observaciones. Compararon el volumen de peces disponibles con los patrones de reproducción de catorce especies de aves costeras. Entre otros, frailecillos, pingüinos, gaviotas y alcatraces, que se alimentan principalmente de sardinas, anchoas, arenques y gambas, especies que, por su parte, sufren la sobrepesca.

La consecuente pérdida de biomasa ictiológica (la cantidad de peces disponibles para comer) amenaza la supervivencia de las aves y, por tanto, de todo el ecosistema. Si se reduce la cantidad de peces, llegará un momento en que las aves dejen de reproducirse. Si ocurre lo contrario, no sucede lo mismo. Aunque aumente la cantidad de peces, la tasa de reproducción de las aves no se intensifica. Los investigadores sugieren que otros factores repercuten en dicha tasa, entre ellos, con qué rapidez se llenan las zonas de anidamiento.

En su opinión, esta información proporciona un nivel de referencia para la gestión sostenible de las pesquerías, la que contribuiría a proteger a la población de aves y asegurar el bienestar de los entornos marinos.

El estudio reafirma que las leyes que regulan los distintos ecosistemas guardan similitud. La pérdida de peces es un problema es sí misma. Pero también afecta a otras especies. En primer lugar, a las que se alimentan de ellos. La naturaleza tiene, casi siempre, una lógica aplastante.