Las mentiras del fracking
El sábado 19 de octubre se celebró el Día Mundial contra el Fracking. Hubo manifestaciones por todo el mundo: Irlanda, Nueva York, Lituania, Inglaterra y, en España, en Gijón, Murcia, Sevilla, Soria, Burgos, León…

Es un buen momento para analizar las razones que esgrimen los que defienden esta peligrosa técnica de extracción de gas no convencional. En los debates que se celebran en los medios de comunicación y en artículos de opinión, los expertos de petroleras, empresas energéticas y los ingenieros de minas y geólogos, defienden la fractura hidráulica con un discurso muy bien estructurado y llevado a su terreno que puede convencer a los más incautos. Es hora de desmontar las mentiras de los que defienden la fractura hidráulica.

Desarrollo económico y empleo

Una de las letanías más repetidas por los defensores del fracking es que sería bueno para la economía y crearía empleo. Cualquier nueva industria crea empleo, es verdad. Pero eso no es razón suficiente para defenderla. Una fábrica de armas también crea empleo, pero no es beneficiosa para la humanidad. Las fábricas chinas que envenenan ríos y acuíferos dan trabajo a mucha gente, pero ¿compensa el daño al medio ambiente? Crear empleo no es una razón por sí misma.

Por otra parte, si lo que se quiere de verdad es crear empleo, se puede invertir todo ese dinero en desarrollar las renovables. El gas, tarde o temprano, se acabará, y se perderán esos puestos de trabajo. En cambio, el sol, el viento o la fuerza de las olas del mar seguirán toda la vida.

Bajará la factura eléctrica

Otra falacia que no dejan de repetir los defensores del fracking: que es una oportunidad para la economía de los países y para reducir la factura eléctrica de los hogares. Nos encontramos en un sistema económico capitalista de libre mercado y nada ni nadie obliga a las empresas a bajar el precio de sus servicios y productos. Si las grandes multinacionales de la energía extraen gas de pizarra, no bajarán el precio de la electricidad, sino que lo mantendrán y ganarán más dinero porque reducirán sus costes. El consumidor final pagará lo mismo (si no más). Esa promesa sólo se cumplirá si las empresas que extraen gas de pizarra firman un documento legal en el que se comprometan a bajar sus precios. ¿Alguna de estas empresas se ha comprometido por escrito? Claro que no.

Es una técnica segura

Afirmaciones así las hacen, sin ningún sentido de la responsabilidad, ¡oh, sorpresa!, asociaciones como la Asociación de Compañías de Investigación y Exploración de Hidrocarburos y Almacenamiento Subterráneo (ACIEP). Los expertos geólogos opinan algo similar, que si la técnica se controla de manera adecuada, no supone ningún peligro. Pero la realidad no tarda en desmentir este tipo de declaraciones, por lo demás, totalmente interesadas: produce terremotos que obligan a paralizar los proyectos de extracción.
Las mentiras del fracking
El Parlamento Europeo ha reconocido los impactos ambientales y sociales del fracking. Algunos países lo tienen claro. Por ejemplo, Francia, que ha prohibido el uso de la técnica.

No hay peligro para la salud

Sorprende que las empresas tengan esto tan claro cuando no se atreven a presentar una lista de todos los químicos que usan en los proyectos de fractura hidráulica. El secretismo es sospechoso. Los estudios realizados en Estados Unidos, donde la técnica se practica desde hace años, como el elaborado por la Universidad de Pittsburgh, que sí ha demostrado que el fracking daña la salud de las personas que viven cerca de los pozos.

En Pensilvania, los síntomas empeoran a medida que pasa el tiempo: cada vez hay más casos de erupciones en la piel y llagas, así como dolores de cabeza y visión borrosa, diarrea y náuseas, dificultad para respirar y pérdida del sueño. ¿Qué químicos hay en el agua o en el ambiente que producen estos síntomas? No lo sabemos.

Se lucha contra el cambio climático

El gas natural contribuye menos al cambio climático que el carbón o el petróleo, pero eso no significa que no contribuya. Si un arma química mata a miles de personas y otra a cien o incluso a diez, no significa que sea mejor, sino que es menos perjudicial. Pero sigue matando. El fracking sí contribuye al cambio climático. Además, emite metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente que el dióxido de carbono. Las energía que no contribuyen al cambio climático son las que no emiten gases, es decir, las energías limpias como la eólica o la solar.

La hipocresía de los políticos

Tanto de los que defienden el fracking como de los que se posicionan en contra. Porque, de cara a la galería, queda muy bien decir que no se apoya la técnica y declarar un territorio “libre de fracking”. Pero lo cierto es que, en el caso de España, las Comunidades Autónomas no tienen competencias sobre este asunto, así que son declaraciones inútiles.

Mientras, los que sí tienen competencias, aprueban leyes a hurtadillas. Será beneficioso para el país, dicen, pero, si sale mal, pagamos todos. Se daña el medio ambiente, se producen terremotos, resulta un peligro para la salud… y encima tenemos que pagarles. El fracking: una mentira y una tomadura de pelo.

En el siguiente vídeo se explica el fracking y sus consecuencias (en inglés):