Miguel Bosé: “Soy el hombre reciclaje”
Miguelito Bosé está que lo tira, y no me refiero a la basura orgánica, porque esa la aprovecha toda, según afirma en una reciente entrevista, sino a sus últimas y jugosas declaraciones sobre su bendita obsesión ecológica.

En plan triunfalista, con el ego bien subido, el cantante se autodefine como “el hombre reciclaje por excelencia, de toda la vida”, una característica que dice estar inculcando en sus cuatro retoños: “Mis hijos están siendo educados en esta filosofía, por supuesto, tiene que ser así porque no tenemos elección”, afirma el intérprete con motivo de su asistencia a la exposición fotográfica sobre el reciclaje Upcycling, inaugurada esta semana en Madrid.

Bosé nos cuenta detalles de su día a día con sus pequeños, a los que no alecciona sobre conceptos demasiado complejos para su corta edad, como puedan ser el cambio climático, el calentamiento global, la polución y demás. Sus lecciones infantiles sobre ecología se orientan al aquí y ahora, es decir, a la importancia de “no tirar las cosas al suelo, sino a la basura”.

Miguel también comparte su hogar con una numerosa fauna doméstica. Son precisamente sus perros y gallinas los que hacen que sus cubos orgánicos siempre estén “completamente vacíos”, mientras los otros se llenan con vistas a reciclar, algo que gusta al cantante porque “hay demasiado producido en este mundo, tenemos que reciclar todo tipo de materias para no contaminar, pues ya estamos con las alarmas encendidas”.

El hombre incoherente

Su vena Dominguín parece no casar del todo con este tan cacareado respeto al planeta que gusta referir por doquier. Recordemos que el susodicho ha participado de forma entusiasta en campañas de organizaciones ambientales, como aquella de Greenpeace en defensa del atún rojo. Sin embargo, al margen de sus repetidas manifestaciones más estéticas que éticas, no puede hablarse de un compromiso real y coherente con el animalismo.

Miguel Bosé: “Soy el hombre reciclaje”
Hijo y nieto de toreros, el carismático cantante no abomina de los toros, precisamente. Desde hace ya muchos años parece jugar al despiste cuando por un lado afirma que aborrece toda crueldad animal, pero extrañamente no acaba de condenar la tauromaquia. Argumenta que abolirla también debería acompañarse del cierre de granjas y demás lugares de tortura animal que permitimos, concluyendo que, a la postre, lo mejor será no tocar la fiesta nacional. ¿Cómo quedamos, entonces?