Milagro en Madrid
La misma cantidad de coches (o incluso más). La misma cantidad de atascos (o incluso más). El mismo escaso uso del transporte público. Y, sin embargo, la contaminación de Madrid se ha reducido en un 26%. ¿Es que se ha inventado un nuevo e increíble aparato que se traga la polución de las ciudades? ¡Y la comunidad científica sin enterarse! ¿Será un caso de magia? ¿Se han puesto todos sus ciudadanos a soplar al mismo tiempo y en la misma dirección? La capital de España va a ser la envidia de las capitales europeas y, por qué no decirlo, de todo el mundo.

Por desgracia, ni se ha inventado ningún nuevo y maravilloso artilugio ni la magia existe. Lo que ha ocurrido es que el Ayuntamiento de Madrid decidió cambiar las estaciones de medición de contaminación a lugares con una atmósfera más limpia, donde no hay tanto tráfico y sí más árboles, como las cercanías de los parques.

En 2009, sin ir más lejos, Madrid registró una media de 54 microgramos por metro cúbico de dióxido de nitrógeno, cuando el límite marcado por Europa era 42. Este 2010, precisamente cuando el límite es de obligado cumplimiento y, además, se ha rebajado a 40 microgramos por metro cúbico, Madrid ¡albricias! ha conseguido disminuirlo hasta los 40, según los datos ofrecidos por el Ayuntamiento. Pero los habitantes de la ciudad no tienen más que salir a la calle y respirar o abrir los ojos para ver los interminables atascos que se siguen produciendo en las principales arterias de la ciudad y sospechar que hay gato encerrado.

Es verdad que el consumo de combustible para vehículos disminuyó un 5% a causa de la crisis. Pero sólo un 5%. Y este dato incluye el gasóleo que usan los camiones, que no suelen entrar en el centro de la ciudad.

Por su parte, el Ayuntamiento de Madrid saca pecho y afirma orgulloso que cumple con la legislación europea. Según la directiva 50/2008, la ciudad que no cumpla con la normativa europea sobre la calidad del aire se arriesga a sanciones económicas. Y el ayuntamiento más endeudado de España no está dispuesto a pagar ni un céntimo, sobre todo, porque no lo tiene. El pasado mayo, la delegada de Medio Ambiente, Ana Botella, afirmaba que había dos posibilidades para resolver el problema de la contaminación: tomar medidas muy drásticas o pedir una moratoria a la Unión Europea. Está claro que han optado por las medidas drásticas. O sarcásticas, no sé.