Miles de japoneses piden el fin de la energía nuclear
Para disgusto de una gran mayoría de ciudadanos japoneses, aunque Japón apuesta por la energía renovable, no se atreve a abandonar la energía nuclear. No es algo nuevo, pero el hartazgo y el descontento han hecho mella y este domingo miles de personas se han sumado a las protestas contra el gobierno.

Muy harto tiene que estar el pueblo nipón acerca de una cuestión para lanzarse a la calle en masa, por lo que el simple hecho de haberse echado a la calle es ya un signo de alarma preocupante. De hecho, el rechazo social a la energía nuclear no encuentra antecedente sino en protestas de hace más de medio siglo, cuando el país se levantó contra el tratado de seguridad firmado con Estados Unidos en 1960.

El movimiento antinuclear cuenta con el apoyo de entre el 60 y el 70 por ciento de la población, según recogen las encuestas. Un rechazo muy lógico después del accidente en la central de Fukushima Daiichi el 11 de marzo de 2011.

Seguridad ante todo

No convence el discurso gubernamental que justifica su mantenimiento por la necesidad de energía que tiene el país para seguir funcionando, pese a las promesas de potenciar las energías limpias para acabar con la dependencia de la nuclear. Antes que la economía, está la seguridad, replican los partidarios de su cierre total e inmediato.

El temor radioactivo es superior al miedo a perder competitividad como país puntero en el mercado mundial, con el resultado de un movimiento antinuclear cada vez más fuerte que se opone a medidas de reactivación de las centrales que resultaron dañadas tras el terremoto y maremoto de 2011.

Miles de japoneses piden el fin de la energía nuclear
La masiva manifestación celebrada en Tokio ha sido la última de una larga seria, en esta ocasión como respuesta a la reactivación de dos reactores nucleares este mes. Anteriormente, todos los reactores, un total de 50, habían sido apagados para mantenimiento y pruebas.