Monsanto, en el banquillo acusado de “crímenes contra la humanidad y ecocidio”
La empresa biotecnológica Monsanto se enfrenta a un juicio simbólico en La Haya (Países Bajos) por el “ecocidio” presuntamente causado por sus productos tóxicos. En especial por el glifosato, principio activo del popular y sospechosamente cancerígeno pesticida Roundup.

También se le acusa de crímenes de lesa humanidad. La firma americana es acusada por asociaciones de haber comercializado productos responsables de la muerte de miles de personas.

Así pues, sus cargos no son menores, si bien se trata de un juicio simbólico, llevado a cabo por un tribunal internacional ciudadano formado por ecologistas y activistas de Derechos Humanos.

Se trata, por lo tanto, de un juicio sin validez legal, entre otras razones porque en el derecho internacional no se reconoce el ecocidio como delito medioambiental. Asímismo, no se rata de un juicio al uso.

De hecho, uno de los principales motivos por el que se realiza es precisamente buscar el reconocimiento del mismo. Durante este fin de semana, días 15 y 16 de octubre, se escucharán testimonios relativos al dossier, incluyendo estudios científicos para finalmente deliberar.

Monsanto, en el banquillo acusado de “crímenes contra la humanidad y ecocidio”
Serán los jueces los que lo harán, en concreto un tribunal formado por cinco jueces que conforman un tribunal ciudadano consultivo presidido por Françoise Tulken, jueza durante años de la Corte europea de los derechos del hombre.

Su cometido conjunto será, por lo tanto, emitir una opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia sobre el particular. Si nos centramos en los derechos reconocidos por el derecho internacional, se decidirá sobre vulneraciones al derecho a la alimentación, a la libertad para la investigación científica o, entre otros, al mejor estado de salud posible.

Monsanto, en el banquillo acusado de “crímenes contra la humanidad y ecocidio”
Son derechos que encontramos en distintos textos internacionales, como la Convención relativa a los derechos económicos, sociales y culturales. En la opinión emitida encontraremos su parecer sobre la conformidad o no de las actividades de Monsanto con respecto a esos instrumentos jurídicos de los que dota el derecho internacional.

Un tribunal que no juzga ni condena

Puesto que no se trata de un juicio al uso, como hemos apuntado, no hay una condena ni se juzga una falta, como ocurriría en un juicio por lo civil. Los jueces emitirán la mencionada opinión consultiva.

Monsanto, en el banquillo acusado de “crímenes contra la humanidad y ecocidio”
Tulkens incide de forma especial en este carácter consultivo para dejar claro que no se trata de un resultado conocido de antemano. “No habrá condena, pues no es el lugar para ello, y tampoco habrá un componente moral añadido, puesto que no es la función de ningún tribunal”, explica.

Muy al contrario, según explica la experta, se trata de una función “pedagógica”, pero en ningún momento se trata de una “mascarada”, como ha llegado a afirmarse desde el mismo Monsanto en una carta abierta publicada recientemente.

Como era de esperar, se ha negado a participar en el juicio, por lo que no se podrá contar con su punto de vista. Así, el protagonismo lo tendrá la sociedad civil. Tanto resultados científicos como los testimonios que hablarán de los impactos que según ellos, son consecuencia de la actividad de Monsanto.

Una puesta al día

Esa orientación pedagógica es la que se espera que influya de forma positiva en posibles avances del derecho internacional, introduciendo nuevos conceptos, poniendo sobre la mesa necesidades.

Entre otras, las relativas a la “responsabilidad empresarial relacionada con los derechos del ser humano” y otras preocupaciones relacionadas con el entorno, subrayando el concepto de ecocidio. En este caso, comenzando por una definición que probablemente se relacionaría con la de “genocidio”.

Monsanto, en el banquillo acusado de “crímenes contra la humanidad y ecocidio”
Mutatis mutandis, sería algo así como un genocidio atribuido al entorno, a su vez relacionado con la ecología humana. Es decir, de forma hipotética se asociaría con los atentados ambientales durables llevados a cabo en ecosistemas de los que dependa la vida del hombre.

Habida cuenta de que son asuntos que preocupan desde la noche de los tiempos al ser humano, constituyen problemáticas que importan a la sociedad de forma muy básica. Por lo tanto, más allá de la lucha sin cuartel que emprenden las ONGS al respecto, incluso trascendiendo el mismo caso de Monsanto, impulsar una mejora del derecho internacional con este caso es sencillamente un paso necesario dentro de una dinámica general no menos necesaria, opina.

Razones a favor del ecocidio

Inscribir o no el ecocidio en el derecho internacional es una cuestión que se remonta a los años sesenta. El debate, desde entonces, no ha cesado, y aunque se ha utilizado en numerosas ocasiones, presiones de distinto tipo han impedido que adquiriera la relevancia esperada.

Sus partidarios afirman que existen unos elementos vitales en la Tierra, que nos resultan imprescindibles como especie. Su valor, por lo tanto, va más allá de lo económico y de las jurisdicciones nacionales.

Atentar contra esos elementos, por lo tanto, significa hacerlo contra el planeta, nuestro hogar. De ellos depende la habitabilidad y, en suma, nuestra supervivencia, por lo que su alteración es sumamente grave.

Monsanto, en el banquillo acusado de “crímenes contra la humanidad y ecocidio”“Es un atentado contra el ecosistema terrestre y ello amenaza la paz y a la humanidad”, dice Valérie Cabanes, portavoz del movimiento End Ecocide on Eart y miembro del comité de organización del tribunal.

Ya sea el caso Monsanto o cualquier otro, como aquellas empresas o gobiernos responsables de emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyen a agravar el cambio climático, pongamos por caso.

Tanto se da, desde esta perspectiva que defiende Cabanes y activistas en general. “Pedimos poder hacer justicia en nombre de la naturaleza, y también poder hacerlo en nombre de las generaciones futuras”, concluye.