Muere Java, el elefante más viejo de Europa
La existencia de los elefantes no es fácil, y su destino fuera de una feliz vida en la selva los lleva a trabajar en el campo, a morir atropellados por los trenes o víctimas de la caza, a pasear turistas, a hacer de mulas de carga, a aguantar maltratos en ceremoniales o a estar esclavizados en residencias privadas. Pero entre circos y zoos, la vida de Java, la elefanta más vieja de Europa que acaba de fallecer a los 67 años, tampoco fue mejor.

Capturada y domesticada para hacer números que llenaran los bolsillos de los dueños del circo Amar, Java estuvo currando y sufriendo hasta 1964, fecha en la que fue trasladada a un zoo de Lyon, el parque Tête d’Or, para poder pasar una merecida jubilación. En el zoo, sin embargo, todo fueron desgracias para Java.

Si dejamos de lado que el pobre animal estaba confinado en un espacio insuficiente, algo típico en los zoos, y que el cautiverio le provocó el conocido síndrome de repetición constante de movimientos similares (puedes verlo en el vídeo), lo que acabó fastidiándola fue contraer la tuberculosis, una enfermedad de la que nunca sanó.

Por lo tanto, Java pasó de ser una atracción a ser vista como una apestada que podía contagiar la tuberculosis, patología que también afectó a otros elefantes del zoo. Una situación que despertó un encendido debate entre quienes querían curarlos y quienes eran partidarios de cargárselos por motivos de salud pública. Finalmente, aunque no se han determinado las causas de su muerte, todo apunta a que la enfermedad haya acabado con ella. De hecho, desde hacía un tiempo se estaba impidiendo el acercamiento a los elefantes.

Una memoria de elefante

La incertidumbre sobre las causas de su muerte, por otro lado, ha disparado las alarmas sobre el peligro que pueda suponer visitar el zoo. Pero, mientras se dirimen estos problemas, lo cierto es que Java ha perdido la vida. Como homenaje póstumo a ella, citemos una anécdota que tiene un punto triste y otro alegre. Ocurrió en el 2001, cuando un antiguo entrenador suyo la visitó. Ella era el último elefante vivo de los que este hombre entrenaba en el circo y, boquiabierto, pudo comprobar cómo treinta y siete años después Java reconocía su voz y seguía sus órdenes.

Sin dejar de tener su gracia, mucho mejor hubiera sido que esta frustrada matriarca nariguda hubiera recordado otro tipo de cosas de una vida que, por desgracia, no pudo vivir. Se sabe que los elefantes tienen una vida muy rica, forman grupos, hacen amistades y cooperan entre ellos, por lo que Java hubiera podido vivir intensamente, demostrar sus dotes de mando y su instinto de protección de la manada, como hembra logeva que era. Así las cosas, con su triste vida y muerte, al menos nosotros soñaremos por ella. Descanse en paz.