Multado por recoger a sus hijas del colegio en bici
Hay que luchar contra la contaminación de las ciudades, hay que reducir el tráfico para lograr un aire más respirable. ¿Cómo? Impidiendo que los padres vayan a recoger al colegio a sus hijos en bicicleta. Al menos, así lo piensa la policía municipal de Pozuelo de Alarcón (Madrid), que está acosando a un ciudadano que se traslada sin contaminar. En vez de apoyar estas iniciativas ciudadanas, la policía municipal le denuncia y trata de imponerle multas. ¡El mundo al revés!

Cerca de mi casa hay un colegio. Por la mañana, a eso de las nueve, cuando los niños entran al colegio, y al mediodía, cuando algunos salen a comer, las cercanías del edificio se llenan de coches en doble fila. Algunos conductores ni siquiera se molestan en apagar el motor para impedir que, durante ese momento de espera (un momento que puede durar muchos minutos), el coche siga emitiendo gases contaminantes. Contaminan y generan atascos. Nunca he visto a ningún policía poner multas por aparcar en doble fila.

Volviendo al caso que nos ocupa, este ciudadano, que debería ser puesto como ejemplo, se encontró con que, a la salida del colegio donde estudian sus hijas, unos policías le esperaban. Además, de paisano.

Le dijeron que su bicicleta no estaba homologada para llevar dos niños y le pidieron la ficha técnica del vehículo, algo que ni siquiera existe. Las dos sillas que usa esta persona para llevar a sus hijas están homologadas según las normas europeas. Las niñas tienen cinco y dos años.

Los policías también le increparon por realizar un tramo de su recorrido por la acera. Esto no está permitido, es verdad, pero lo hace en una gran avenida donde el peligro que suponen los coches es mayor. Lógicamente, el padre no quiere que a sus hijas les ocurra algo y prefiere arriesgarse a que le pongan una multa a que sus niñas sufran un accidente. ¿No haríais vosotros lo mismo?

Por otra parte, la policía, que sí tiene tiempo y ganas de acosar a un ciclista, no impone otras multas por no cumplir con normas de circulación como la velocidad máxima de 40 km/h o el metro y medio de separación que es obligatorio entre coche y bicicleta. Según cuenta el protagonista de esta historia, un día fue la misma policía la que le mandó ir por la acera con las niñas.

El caso es que los policías tienen sus datos y van a redactar un informe para el Ayuntamiento y otro para los Servicios Sociales por ser un padre irresponsable.

Esta persona se siente indignada. Supongo que muchos compartirán esta indignación. Los ciclistas aguantan estoicamente la mala educación de algunos conductores y la falta de infraestructura para trasladarse en bici. ¡Pero esto es demasiado!