Por qué lo “natural” no siempre es ecológico
En un post anterior dimos algunas razones por las que lo orgánico no siempre es ético ni saludable, y descubrimos que no siempre es fácil saber hasta qué punto un producto es realmente bio. Además, en el otro lado de la moneda, nos encontramos con productos que venden lo natural prácticamente como sinónimo de ecológico.

Vaya por delante que las palabras “ecológico”, “bio” y “orgánico” sin sinónimas, al menos así es legalmente, por lo que cuando un producto se cataloga como eco, bio u orgánico habrá de ir acompañado por el respectivo sello si queremos tener unas mínimas garantías de que realmente lo sea.

Lógicamente, la normativa no permite utilizar ninguna de esas palabras si no lo son, y precisamente por ello se usa la palabra “natural”. Por un lado, se evita usar estos términos (bio, ecológico u orgánico) y, por otro, se aprovecha que existe una clara asociación e idílica entre la Naturaleza y lo verde con lo ecológico para abusar de palabras como “natural” o “tradicional”, “artesano”, entre otras, acompañándola de diseños en los que abunda el color verde, dibujos idílicos de paisajes, así como frases que juegan con la ambigüedad, a la caza de usuarios despistados, mal informados y, por supuesto, poco concienciados.

Por qué lo “natural” no siempre es ecológico

¿Envase eco y contenido “natural”?

Una ambigüedad que busca engañar, de forma sibilina, jugando con los matices, con las medias verdades y, en muchos casos, intentando esconder que, por ejemplo, el packaging es ecológico, pero no su contenido.

O, por ejemplo, resaltando algunos de sus ingredientes que si bien son naturales no tienen certificación bio, al tiempo que se esconden otros y se resalta que el producto está libre de parabenos u otros químicos. Lo que deberíamos preguntarnos, en estos casos es qué otros químicos potencialmente tóxicos sí tiene.

Echar una simple ojeadita a la composición nos sacará de dudas al momento y, en todo caso, sospechemos si el producto carece de certificación ecológica y la palabra ecológico, bio u orgánico birlla por su ausencia.

Por qué lo “natural” no siempre es ecológico
En estos casos, habituales en cosméticos, hemos de fijarnos en la composición, pues a menudo se juega con la palabra “natural” para hacernos creer que además del envase (botella que incluye bioplásticos, reciclable, etc.) su contenido también es natural.

Únicamente observando con detalle la etiqueta podremos dilucidar de qué se trata, si de un producto orgánico en envase y composición o solo parcialmente bio.

Greenwashing, el arte de la mentira

Pero la práctica más habitual del greenwashing, – término que alude a la publicidad ecológica engañosa, consiste en hacer creer que un producto es natural como sinónimo de pureza, de estar libre de químicos, con la clara intención de que establezcamos una asociación de ideas que nos lleve a creer que se trata de un producto ecológico.

Por qué lo “natural” no siempre es ecológico
Decir verdades a medias es todo un arte, y lo cierto es que en este caso está en juego el negocio, la supervivencia de la empresa. Por lo tanto, para muchas marcas es una absoluta prioridad disfrazar sus productos de verde.

En sus etiquetas, en sus campañas publicitarias, allí donde hay ocasión el producto rezuma naturaleza, pureza, es “auténtico”, “tradicional”, “natural”… Nos encontramos con dibujos bucólicos, campestres o que simplemente juegan con el verde como color principal para hacernos creer lo que no es.

El sello, tabla de salvación

Ante estas situaciones, solo el consumidor concienciado puede evitar estos engaños. En lugar de andar mirando la letra pequeña, de hacer pesquisas en pleno supermercado o navegando por la red, buscando detalles en buscadores, foros, en la web del productos, etc., lo más rápido y efectivo es buscar el sello. Y no sirve cualquier sello.

Por qué lo “natural” no siempre es ecológico
Hacerlo, identificar el sello ecológico, y que éste sea confiable (el sello europeo con forma de hoja verde o, como mal menor, el EcoCert), es clave para cuidar nuestra salud y nuestro bolsillo.

Natural, pero no ecológico

Por otra parte, del mismo modo que el combustible convencional proviene del petróleo, de procedencia fósil, y por muy natural que sea no es ecológico, sino todo lo contrario, la madera no certificada también representa un atentado contra la naturaleza.

A su vez, lo natural o incluso lo ecológico que conlleva una huella de carbono añadida por el transporte o por su misma fabricación, pongamos por caso, a la postre tendrá poco de ecológico. En este sentido, la economía local es una solución al problema del transporte, al tiempo que puede ayudar a luchar contra desigualdades propias de una sociedad capitalista fuertemente globalizada.

Porque, al fin y al cabo, lo ecológico y la justicia social son conceptos no solo relacionados sino idealmente vinculados, tal y como apuntan desde asociones como Greenpeace. Desde este enfoque más amplio, la ecología significa filosofía de vida, una reivindicación, una lucha silenciosa por un mundo mejor a nivel social y ambiental.

Por qué lo “natural” no siempre es ecológico
Rodearnos de productos naturales, por lo tanto, puede suponer haber hecho un daño irreparable al entorno, lo que a su vez implica hacérnoslo a nosotros mismos. Seguir un estilo de vida que aplique en la medida de lo posible las tres erres (Reducir, Reutilizar y Reciclar, por este orden), es un a forma de conseguir grandes cosas sumando pequeños gestos cotidianos.

Solo la madurez del consumidor puede hacer la diferencia, demostrar con su estilo de vida que el confort y bienestar no justifica un consumismo que rompe el equilibrio de la naturaleza. En este caso sí, esa naturaleza que se necesita y se busca preservar es sinónimo de ecología.