Nuevo accidente en una planta nuclear
El pasado fin de semana se produjo una explosión en uno de los transformadores de la central nuclear de Tricastin, en Francia. Al estar cerca de la autopista A7, cualquier persona que circulara por allí en aquellos momentos podía ver el humo negro que salía de la planta. La explosión produjo un incendio que hizo acudir rápidamente a los bomberos.

Según las autoridades francesas, el accidente no producirá ninguna consecuencia radiológica. Sin embargo, cada vez parece más difícil defender que la energía nuclear es segura, pues cada vez se producen más accidentes en instalaciones de todo el mundo: Japón, Escocia, Estados Unidos y, ahora, también Francia, uno de los países que más energía nuclear produce.

Gracias a la rápida intervención de los bomberos, el fuego se controló antes de que provocara algún accidente grave. No hubo ningún herido. El operador de la planta, la empresa EDF, ha afirmado que el incidente ocurrió en las instalaciones no nucleares y, por tanto, no ha tenido ninguna consecuencia radiológica ni sobre el medio ambiente ni sobre las personas de la región. En realidad, no puede considerarse un accidente nuclear, ya que no se ha producido en las partes donde se produce, gestiona o transforma la energía nuclear, pero sí se puede poner en cuestión la seguridad de la planta, que ya ha sufrido varios incidentes durante su vida útil.

Uno de los más grave se produjo en 2008, durante la limpieza de uno de los tanques, y en el que el uranio llegó a contaminar ríos cercanos. La pesca y la natación se prohibieron en algunos ríos infectados como medida de precaución.

La planta entró en funcionamiento en 1980, siendo el reactor número 1 de la central uno de los más antiguos de Francia. En julio de 2009, la Autoridad de Seguridad Nuclear (ASN) de Francia aprobó una prórroga de funcionamiento de cuarenta años.

Después de Fukushima, se han aumentado las medidas de seguridad de la planta, como el fortalecimiento de la protección contra inundaciones y terremotos, así como la mejora la refrigeración del combustible en las piscinas y medidas encaminadas a evitar una explosión de hidrógeno. Pero, a pesar de que las medidas de seguridad son cada vez más estrictas, siempre acaba por producirse un accidente que no estaba previsto.