Oslo, una ciudad sin carbono y sin coches para 2030
Oslo, la capital noruega, podría ser prácticamente neutra en carbono en 2030. Su gobierno municipal, desde 2015 en manos de la izquierda y los verdes, se ha fijado el objetivo de reducir en un 95 por ciento las emisiones de gases de efecto invernadero.

Desde los años noventa se está llevando a cabo una política ambiental que persigue esta meta. Si en 1990 el objetivo era reducirlos en un 50 por ciento en 2020, la siguiente meta es precisamente ésta.

Oslo es una ciudad populosa. No del tamaño de las grandes capitales europeas, como París o Madrid, pero está en constante crecimiento. Hoy, el fenómeno de la urbanización se manifiesta con intensidad en ciudades de todo tipo, y Oslo camina hacia el millón de habitantes.

Su rápido crecimiento no es la razón más importante por la que sus políticos quieren que la ciudad sea una urbe más limpia para mejorar su habitabilidad. “Si el capital de uno de los países más ricos del mundo no es capaz de actuar con rapidez, por lo que va a encontrarse con problemas muy serios “, explica uno de los responsables de política ambiental del consistorio, el ecologista Daniel Rees.

Oslo, una ciudad sin carbono y sin coches para 2030
Un objetivo ambiental que, sobre todo, obedece a la necesidad de reacción que impone el avance del cambio climático. “Si queremos que el acuerdo sobre el clima en París para convertirse en una realidad, no hay otra opción”, apunta Rees.

Energía verde y fomento del transporte público

Sus centrales hidroeléctricas son claves para lograrlo, puesto que Oslo quiere producir toda su energía a través de ellas, así como la calefacción, que también serán verdes gracias a sus plantas alimentadas por la quema de biocombustibles y bombas de calor.


Oslo, una ciudad sin carbono y sin coches para 2030
Dentro de este proceso, se van a ir dando pasos. Entre otros, para 2020 se tomará la drástica medida de prohibir los sistemas de calefacción de gas y petróleo, lógicamente, con el fin de acelerar el objetivo.

El transporte dentro de la urbe también está sujeta a un proceso de cambio que será clave para que la ciudad diga adiós al coche en el centro urbano para 2019.

Además, se darán ayudas para la compra de coches eléctricos mediante el establecimiento de un sistema fiscal favorable. En este aspecto, no solo la capital sino el país en su conjunto está logrando importantes avances.

En Oslo se espera que toda la flota acabe siendo de coches limpios. De forma paulatina se irán reemplazando los coches convencionales que todavía quedan por otros más ecológicos, idealmente eléctricos. Si todo sale según lo planeado, en 2025 los coches nuevos serán cero emisiones. O, lo que es lo mismo, ningún coche nuevo será emisor de CO2.

Oslo, una ciudad sin carbono y sin coches para 2030
Un cambio de gran importancia, al que hemos de sumar la política de fomento del transporte público, que a su vez será cada vez más limpio. En los próximos veinte años Oslo planea invertir 11 mil millones de euros en el transporte público, reforzándolo y mejorando su fuente de energía. Si en un principio se recurrirá a los biocombustibles, hacia 2020 se invertirá en un centenar de nuevos modelos de buses eléctricos, al tiempo que se potenciarán los desplazamientos en bicicleta.

¿Y Noruega?

Como habíamos apuntado, con casi 700.000 habitantes, Oslo es una ciudad que busca convertir su política ambiental en un ejemplo para Europa y el mundo. “Si la capital de uno de los países más ricos del mundo no es capaz de actuar con rapidez, el planeta va a tener problemas serios “, dice el Rees, al tiempo que lamenta que el país no tenga estos objetivos tan ambiciosos.

“A nivel nacional, no tenemos el objetivo de reducción tan ambicioso”, dice. Aún así, comparada con otros países, Noruega es un país verde, que se encuentra entre los países más ecológicos del mundo.

Su compromiso con la deforestación a nivel nacional e internacional e internacional es uno de los puntos fuertes de su política verde.

Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero es otro de sus grandes retos. De nuevo el objetivo es doble: dejar de emitir tantos gases a la atmósfera y mejorar el hábitat de sus ciudadanos, haciendo posible que la población pueda respirar un aire más puro.

Oslo, una ciudad sin carbono y sin coches para 2030
Sin embargo, hay serios problemas para lograrlo. El principal problema para avanzar sin lastre es encontrar la fórmula para conciliar el hecho de que Noruega sea una nación productora de petróleo y su vocación ambientalista.

Por lo pronto, el país está desarrollando políticas públicas en este sentido. Uno de los objetivos del gobierno conservador de Erna Solberg es eliminar los autos de combustión fósil para 2025. Sus inversiones en sostenibilidad se canalizan en buena parte a través de la agencia pública Innovation Norway, cuya inversión ronda los 400 millones de euros anuales.

Sería todo un logro acabar con la compraventa de coches diésel y gasolina en 2025 y, en su lugar, fomentar los vehículos eléctricos e híbridos. ¿Lo conseguirán? Sus gobernantes están convencidos de ello. “Es perfectamente realista”, dice el ministro de medio ambiente, Vidar Helsegen.

Oslo, una ciudad sin carbono y sin coches para 2030
Sin embargo, Noruega es un país productor de petróleo, cuya riqueza depende de estos ingresos, pues el 40 por ciento de su PIB proviene de los combustibles fósiles. Ir independizándose de esta fuente de riqueza y de energía, ya periclitada, será un proceso lento y complejo, pero se camina hacia la ya denominada era postpetróleo.

Pero sus objetivos no serán tan ambiciosos como los de su capital. A nivel nacional, según el Acuerdo de París de 2015, Noruega quiere reducir las emisiones un 40 por ciento para 2030. Son objetivos alejados del 95 por ciento de Oslo, pero similares a los de la Unión Europea. Pero no son objetivos vinculantes, como es sabido, por lo que el futuro puede deparar sorpresas, sobre todo con Donald Trump ejerciendo una influencia negacionista difícil de soslayar.