Pagan 64.000 euros por un olivo
Olivos de la provincia de Jaén, en España, zona olivarera por antonomasia, y otros lugares de la Península Ibérica están siendo subastados y adquiridos por el mejor postor para reubicarlos en jardines particulares, en campos de golf o en rotondas, quedando entonces rodeados de asfalto. En la última subasta de olivos, un millonario francés adquirió uno milenario de Portugal por 64.000 euros.

Los más de cuarenta ejemplares que se pusieron a la venta procedían de España y Portugal, pero la subasta se produjo en Francia, en un castillo cerca de Toulouse. En una primera tanda, a principios de octubre, fueron adquiridos diecisiete. El resto se subastará en marzo. Los precios oscilaron entre los 1.000 y los 64.000 euros. Desde El Ventorro 1920, una empresa familiar ubicada en la provincia de Madrid, se ofrece una colección de árboles centenarios y hasta milenarios, como estos olivos de leyenda. La edad, el peso, la altura y el grosor del tronco determinan el precio de venta de los árboles.

El olivo de 64.000 euros tiene incluso nombre. Se llama Domiciano (un homenaje a la herencia romana de la especie). El tronco tiene un grosor de casi siete metros. Eso lo convierte en milenario, pues se calcula que un tronco que supere los cuatro metros tiene una edad de más de mil años.

En la próxima subasta, que se celebrará en primavera, se ofrecerán dos ejemplares de la variedad Farga, dos piezas rarísimas clasificadas en España como patrimonio histórico. ¿Es que se puede vender el patrimonio histórico? Ahora no. Pero un coleccionista adquirió los codiciados ejemplares y los arrancó de la tierra antes de que entrara en vigor una normativa valenciana que prohíbe la salida de olivos centenarios, que los protege y cataloga. Porque también se trafica con árboles. Ahora no se puede, según la ley, trasplantar, cortar o comerciar con árboles de más de 350 años o que superen los seis metros de perímetro en el tronco, los 25 metros de diámetro de copa o los 30 de altura.

Hay quien colecciona obras de arte o joyas, y hay quien colecciona árboles. Y otros que especulan con ellos. Algunos de los ejemplares morirán en el traslado o en su nueva ubicación.