
La modelo estadounidense Summer Rayne Oakes es de esas personas que predica con el ejemplo. De ser una comprometida científica ambiental y entomóloga pasó a convertirse en la primera eco-modelo del mundo, y hace nada acaba de inundar de plantas su pequeño y coqueto apartamento de Brooklyn.
Detrás de todas sus acciones, ya sean profesionales o personales, bulle un gran entusiasmo por la defensa de la naturaleza, de la que no puede estar lejos ni física ni mentalmente. Precisamente, su incansable activismo es el que le ha llevado a transformar su morada en un lugar tan verde que casi podría confundirse con un invernadero.















