Pagos por carbono para enviar niños al colegio en el Congo
Si los proyectos en los que se destina el dinero para compensar las emisiones de carbono por parte de las empresas y los países ricos son social y medioambientalmente responsables y están bien gestionados, el sistema funcionará. En la República Democrática del Congo, una pequeña comunidad ha decidido replantar sus degradados bosques para garantizar la educación de cientos de niños y prestar servicios sanitarios básicos. Reforestación que compensará emisiones en lugares lejanos.

Se trata de una localidad llamada Ibi, ubicada en la meseta de Batéké, a unos 150 kilómetros de Kinshasha, la capital del Congo. Es el primer proyecto de Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) de la RDC que ha sido aprobado y que forma parte de los acuerdos del Protocolo de Kioto. Además, combatirá el cambio climático absorbiendo dióxido de carbono.

El proyecto se llama “Ibi Batéké Carbon Sink Plantation Project” (“Proyecto de plantación de un sumidero de carbono en Ibi Batéké”). Además de los beneficios medioambientales (como la regeneración de zonas de sabana y la protección de la vida salvaje), se creará empleo y se logrará la prestación de servicios sanitarios y educativos.

El proyecto se ha convertido en un modelo para el resto del país. Y para la mayor parte del continente. Se plantarán diferentes tipos de acacias, eucaliptos y pinos con los que se conseguirá la absorción directa de carbono de la atmósfera. Parte de la reforestación será utilizada como fuente sostenible de carbón para áreas urbanas como Kinshasa, lo que supondrá una reducción de la presión de la deforestación en los bosques nativos. El Banco Mundial apoya el proyecto.

La encargada del proyecto será la empresa Novacel, una empresa privada fundada y gestionada por habitantes de la meseta de Batéké que está reforestando más de 4.200 hectáreas de terreno degradado y que necesitará unos cuatrocientos trabajadores, algunos a tiempo parcial y, otros, a tiempo completo. En total, absorberá 2,4 millones de toneladas de CO2 durante los próximos treinta años. De este modo, el proyecto genera créditos de carbono que son adquiridos por el Fondo de Biocarbono del Banco Mundial y empresas del sector privado

Gracias a estos créditos, ya existe un colegio que cuenta con más de doscientos alumnos y una clínica que presta asistencia sanitaria básica a la población local. Los agricultores de la zona reciben el apoyo de GI-Agro, una ONG que les aconseja sobre técnicas agrícolas más productivas y contribuye a asegurar la disponibilidad de alimentos en la zona.