El Papa pide una revolución que evite el “destrozo” del planeta
Habemus un Papa eco-amigable, y hasta eco-revolucionario, si se quiere. Con encíclicas tan combativas como la última, dedicada a la protección del medio ambiente casi casi a ultranza y dirigida a católicos y no católicos, no cabe afirmar otra cosa.

Titulada “Laudato Si” (traducido como “Alabado seas”), la encíclica es una leída de cartilla en toda regla a las barbaries que el ser humano comete contra el entorno y, por lo tanto, también contra sí mismo. “Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos”, se lamenta.

Un crimen ecológico y social

La encícliclica (una carta solemne dirigida a los obispos y fieles considerada el documento más importante escrito por un pontífice), y también la audiencia papal en torno al tema, sin embargo, tienen poco de lamento y mucho de denuncia. En ambas apela a la “responsabilidad” de políticos, grandes contaminadores y ciudadanos ante el “destrozo del planeta”.

El Papa pide una revolución que evite el “destrozo” del planeta
Para el Papa, la crisis ecológica y social van unidas, y las principales víctimas son los más pobres, los países menos desarrollados y las personas que viven en la marginación. En la encíclica se hace hincapié en problemas de contaminación, en la degradación ambiental y el calentamiento global, así como en la necesidad de preservar la biodiversidad.

Solo una “revolución cultural” podría alejarnos del abismo al que nos acercamos. A su juicio, todos podemos contribuir, incluyendo al ciudadano de a pie, al que anima a llevar un estilo de vida más sostenible, evitando el voraz consumismo y llevando a cabo gestos cotidianos verdes como compartir coche, no comprar compulsivamente o la reducción de desechos.

Podemos contribuir y tenemos la obligación moral de hacerlo, habida cuenta de que “el ritmo de consumo, de desperdicio y de alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del planeta, de tal manera que el estilo de vida actual, por ser insostenible, sólo puede terminar en catástrofes”.

El Papa pide una revolución que evite el “destrozo” del planeta
De no producirse ese cambio, podemos ir despidiéndnos del mundo tal y como lo conocemos. El futuro no será otro que un paisaje caótico, un desastre ambiental que acabará convirtiendo el planeta en un gigantesco “depósito de escombros”.

¿…Y algo concreto?

¿Pero, de qué sirven realmente las palabras del Papa Francisco? Como máximo respresentante del catolicismo no cabe duda de que sus palabras aspiran a ejercer una gran influencia entre sus fieles y, por otra parte, como líder de opinión también esta considerado como uno de los más influyentes del mundo. Por lo tanto, como altavoz para sensibilizar sobre causas ambientales, no tiene precio.

Recordemos que anteriores papas se pronunciaron a favor de la protección del entorno, como por ejemplo Benedicto XVI, quien también aprovechó el interés mediático que suscitó en su día la Cumbre climática de Copenhague para hacer un llamamiento a los jefes de Estado y a las organizaciones internacionales a “asumir la responsabilidad de la crisis medioambiental y el reinado del consumismo”. Está siendo común, en los últimos años, que la ecología forme parte de la agenda de políticos y líderes religiosos. Lo verde vende, y eso vale su peso en oro.

¿Pero, acaso la Iglesia va a liderar o amparar esa revolución cultural que se pide? Quizá a nivel ambiental y desde el mundo de las ideas lo hagan, pero lo cierto es que los intereses creados y la contaminación están muy vinculados, al tiempo que la Iglesia es una institución inmovilista, muy poco amiga de los grandes cambios…

El Papa pide una revolución que evite el “destrozo” del planeta
Eso sí, hay que reconocer que la crisis ambiental recibe una atención prioritaria, pues se trata de la primera encíclica escrita solo por él, y de la segunda que ha firmado. La primera encíclica del Pontífice argentino, “Lumen Fidei”, la escribió junto con el Papa emérito Benedicto XVI. En sus casi 200 páginas, “Laudato Si” urge a crear un sistema normativo que establezca “límites infranqueables” y proteja los ecosistemas de “nuevas formas de poder derivadas del paradigma tecno-económico”.

Por otro lado, aunque la iglesia católica en general, y el Papa en particular no siempre son muy populares entre los activistas medioambientales (recordemos aquello de obras son amores, y no buenas razones…), en esta ocasión la encíclica ha sido bien acogida. Asociaciones como el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y Greenpeace han valorado positivamente sus palabras.

Ahora toca esperar a que los poderes terrenales respondan al llamamiento. Nos conformaremos si en la próxima reunión climática que se celebrará en París a finales de año (COP21), los políticos logran ponerse de acuerdo para entornar un poquito, al menos, las puertas de nuestro particular infierno, el calentamiento global. De revolución, mejor ni hablamos.