Para los bonobos, el bostezo es contagioso entre amigos
Bonobos y humanos nos parecemos en esto del bostezar, como también en tantas otras cosas que ya no son noticia. El interés mediático se centra ahora en un nuevo descubrimiento que afirma que los bonobos sólo se contagian el bostezo entre amigos cercanos o familiares.

Según este estudio, publicado esta semana en la revista PLoS ONE, imitar un bostezo, es decir, el hecho de que éste sea contagioso entre estos primates y también entre humanos se explica considerándolo un subproducto de la empatía, cuya función sería coordinar las emociones de un grupo social.

Además, el trabajo concluye que “una de las posibles funciones del contagio es sincronizar a los individuos del grupo. En los seres humanos, el contagio del bostezo igualmente es muy importante entre las personas que comparten fuertes lazos”, explica coautora del estudio, Elisabetta Palagi, primatóloga de la Universidad de Pisa en Italia.

“El mecanismo del contagio en las dos especies es el mismo”, dijo Palagi, y básicamente depende de los vínculos sociales. Por ello, el bostezo no suele ser contagioso si quien bosteza es un desconocido.

Otros primates, perros y periquitos

De hecho, anteriores estudios han observado que tanto bebés como cachorros de perro o de chimpancé, por ejemplo, no sienten ganas de bostezar por imitación, pues su sentido empático todavía está por madurar.

Sin embargo, tanto chimpancés como perros adultos, al igual que las personas o que babuinos o bonobos, sí experimentan este contagio. Incluso los periquitos pueden bostezar por contagio, si bien los perros también sorprenden al dejarse contagiar por sus dueños.

Los científicos creen que la risa contagiosa, de igual modo, constituye un fenómeno social que tendría la misma lectura, es decir, formaría parte de las habilidades sociales de la empatía, que consisten en entender las emociones de la otra persona.

Contando bostezos

La investigación con los bonobos se llevó a cabo en el Parque Apenheul Primate, en los Países Bajos, en un trabajo de campo que consistió en observar casi sin pestañear a una docena de bonobos durante tres meses, tiempo durante el que los ejemplares adultos bostezaron 1.260 veces.

Lo que no sabemos es cuántas veces bostezaron los científicos, pero tampoco serían pocas, aunque quizás se entretuvieron más de lo que parece, sobre todo teniendo en cuenta la frenética actividad sexual que se gastan estos amorosos primates…