Pekín envuelta en una nube de contaminación
Mientras el Gobierno de China piensa si cumplir el Protocolo de Kioto o seguir, como hasta ahora, sin aceptar su gran responsabilidad respecto a su contribución al cambio climático, sus ciudadanos soportan estoicamente (qué remedio) la contaminación de sus ciudades, que está llegando a niveles irrespirables.

En Pekín, las situación es preocupante. Millones de chinos escriben su opinión en servicios de microblogs similares a Twitter y manifiestan su enfado por la nube de contaminación que cubre el cielo de la capital china. La contaminación es una nube gris mezcla de bruma y polución que ha llegado a seer tan densa que se han tenido que cancelar cientos de vuelos en los aeropuertos de la ciudad, uno de los más transitados del mundo. También se han cerrado durante horas algunas autopistas. Lo más habitual ya es ver a la gente por la calle con mascarillas en la boca.

La propia embajada de Estados Unidos (quien esté libre de pecado… otros que no se comprometen con la lucha contra el cambio climático) ha calificado la situación como “peligrosa”. En Weibo, la red de microbloging más popular de China, hay comentarios como

no sé cuánto tiempo viviré si respiro este aire peligroso durante todo el día.

Se han vendido por internet unas 30.000 mascarillas sólo durante un domingo. Las organizaciones internacionales (entre otras, la ONU) clasifican a Pekín como una de las ciudades con mayor contaminación del mundo. Su consumo de energía no para de crecer y, además, mucha de esta energía proviene de combustibles fósiles, subvencionados por el Gobierno. Su parque automovilístico también crece debido al mayor poder adquisitivo de sus ciudadanos. ¿Para esto sirve el progreso (económico)?

Según la organización medioambiental Greenpeace, la capital ha multiplicado por más de dos el consumo de carbón en los últimos diez años, por lo que ahora hay más hollín en la atmósfera. A ello se suman otros contaminantes como el dióxido de azufre y el óxido de nitrógeno, que provienen de los tubos de escape. Casi cinco millones de vehículos circulan cada día por Pekín.

La opinión pública se debate entre dar crédito a las declaraciones estadounidenses y la protesta ante las propias autoridades chinas, que minimizan la gravedad del problema. Según el diario China Daily, si se adoptase el criterio de Estados Unidos en todo el país, sólo el 20% de las ciudades contaría con una calidad del aire satisfactoria.