Peligroso aumento del precio de las materias primas
El inventario mundial de maíz disminuyó en la última semana al nivel más bajo en quince años. En el caso de la soja, hace treinta años que el nivel no era tan bajo. Las previsibles consecuencias inmediatas pueden ser un aumento del precio de las materias primas que repercuta en una subida de la inflación.

Los datos provienen de la base en datos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y se confirma así que los precios del maíz, el trigo, el arroz, la soja y la avena se mantienen en los niveles máximos desde hace seis meses. Además, se prevé que aumente la producción de etanol en Estados Unidos, lo que puede repercutir en la demanda -y el precio- del maíz. En cuanto al precio medio de las materias primas alimentarias, es decir, cereales, aceites vegetales, carne, pescados, azúcar y algunas frutas, aumentó casi un 30% en los últimos seis meses, también según datos del FMI.

Lo negativo de estos datos es que estos productos, sobre todo el arroz y el trigo, son la base de la alimentación en los países en desarrollo, donde vive la mayor parte de la población mundial y en los que los efectos de una subida de precios repercute de una forma muy negativa.

Además, en los mercados de materias primas se teme que la disminución de los productos con los que se comercia continúe debido a desastres asociados con el cambio climático, por lo que el precio sube en previsión de tiempos aún peores. Se teme que ocurran desastres que acaben con algunas cosechas, como ocurrió el año pasado con el trigo de Rusia. A todo ello hay que sumar el aumento de precio del crudo, que repercute en los precios agrícolas porque se necesita para mover la maquinaria, para distribuir las mercancías y también para elaborar fertilizantes artificiales, que son los que se usan en los cultivos no ecológicos.

También el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) ha publicado un informe en el que prevé que la producción de cereales disminuya un 2,2% respecto al año anterior. Y añadió que la oferta de alimentos será la más baja desde hace quince años. Este informe hizo que subieran los precios del maíz, de la soja y del algodón. Por si fuera poco, el 40% de la producción del maíz de Estados Unidos se va a utilizar para elaborar etanol.

En último término, toda esta situación producirá un aumento de la inflación que disminuirá el poder adquisitivo del consumidor. Por tanto, gastará menos y la leve recuperación económica puede irse al traste, pues la economía depende fundamentalmente del consumo en la mayoría de países. De hecho, ya está ocurriendo en muchos lugares del mundo. La semana pasada se publicaron datos de inflación de países como los de la zona euro, Inglaterra o China, y en todos ellos la inflación anual alcanzó máximos de varios meses, superando las previsiones de los bancos centrales.

Ante esta situación inflacionista, los bancos centrales suelen adoptar políticas monetarias restrictivas, es decir, subir las tasas de interés para que aumente el precio de los créditos, que actualmente se encuentra en niveles bastante bajos. Un aumento del precio del crédito dificulta tanto el desarrollo económico de las empresas como el poder de adquisición de los consumidores.

Una situación de inestabilidad monetaria que perjudicaría gravemente la tímida recuperación económica que se está produciendo en algunos países. Y esta vez no se puede echar la culpa a las hipotecas basura. Es la subida de los precios de las materias primas alimentarias (consecuencia de pérdidas de cosechas por los efectos del cambio climático y por la producción de bioetanol) y el aumento del precio del petróleo lo que va a repercutir en todo el sistema económico mundial, un sistema demasiado dependiente de una energía sucia que se está agotando y de un sistema de compraventa de productos de primera necesidad injusto para los que menos tienen. Como siempre.