Pingüinos arrastrados por corrientes y manchados de aceite en Brasil
Cada año, por estas fechas, los pingüinos de la Patagonia glacial viajan hasta las playas arenosas y calientes de Brasil. No es un viaje fácil. Algunos llegan casi muertos, aferrándose a la vida después de un largo viaje en el que luchan contra fuertes corrientes. Los pingüinos acaban cansados y enfermos, como señala Gabriela Heliodoro, bióloga de la Universidad Estacio para la recuperación clínica de animales, cerca de Río de Janeiro.

Ocurre que cada cuatro o cinco años hay un aumento en la población de pingüinos en la Patagonia y, por tanto, la competencia por conseguir alimento aumenta. Algunos se arriesgan más en la búsqueda de alimentos, se alejan de la costa y son empujados por corrientes oceánicas que les llevan hasta la ciudad brasileña.

Este año 2012, más de cien pingüinos han sido trasladados hasta el centro para recibir tratamiento. Pero otros tantos han aparecido en playas más al sur de Brasil. En el análisis de los animales, los investigadores han notado que las aves tienen manchas de aceite en sus plumas. Por primera vez, se van a recoger muestras de esos restos de aceite para realizar pruebas posteriores y tratar de localizar el origen de la contaminación.

El objetivo es saber de dónde procede el aceite y descubrir derrames de petróleo. Nunca antes la agencia de protección ambiental de Brasil (Ibama) ha tenido una base de datos de muestras de aceite independiente.

Esos restos de aceite pueden contener unos 40.000 productos químicos diferentes, de acuerdo con Alan Marshall, uno de los expertos del mundo sobre petróleo crudo. Marshall ha analizado muestras recogidas en el derrame de BP en el Golfo de México.

Esta información es particularmente importante en Brasil, ya que numerosas empresas están abriendo cientos de pozos en la costa, tratando de aprovechar algunas de las mayores reservas de aguas profundas recientemente descubiertas. La mayor parte de estas plataformas de petróleo está a cientos de kilómetros de la costa, en zonas difíciles de vigilar.