Plantación masiva de árboles en Pekín
China es uno de los países que más contamina del mundo, pero también de los que más hace por cambiar su modelo económico y transformarlo en un modelo verde. Y los gobernantes de este país, cuando deciden llevar a cabo algo, lo hacen a lo grande. Así, aparte de su apuesta decidida por las energías renovables, quieren cambiar el aspecto de la capital, Pekín, para convertirla en una ciudad verde llena de árboles.

Para ello, serán plantados en Pekín cuatro millones de árboles durante 2011. Es parte de la idea del Gobierno chino por convertir a la capital en una ciudad verde, como ya lo fue en el pasado remoto. Lo ha anunciado el portavoz de la Oficina Municipal de Paisajes y Bosques, Wang Sumei, cuando se celebraba el 30º aniversario del Día del Árbol en China. Además, otras 1.100 hectáreas de tierra se convertirán en zonas verdes, una tierra que ha sufrido la tala de árboles durante siglos.

Wang explicó que el objetivo es llegar a una cobertura forestal de la capital en un 37,6% del territorio que ocupa. Además, a las afueras de la ciudad se abrirán diez parques públicos antes de las vacaciones del Día Nacional, que se celebra el 10 de octubre.

En el plan, se anima a los propios ciudadanos a ayudar de diversas formas, como plantando árboles antes de la temporada de forestación, que termina a finales de abril, o adoptando uno de los 151 jardines públicos o bosques de la ciudad. Diez de los 151 lugares en adopción requieren dinero y gestión, incluyendo la manutención, la limpieza y la protección de los mismos ante cualquier daño, y otros siete requieren trabajo de cuidado voluntario. El resto sólo implican donaciones. También se puede optar por adoptar árboles viejos o dar donaciones en efectivo para proyectos verdes.

De momento, los ciudadanos pekineses prefieren, en primer lugar, plantar personalmente uno o varios árboles, y en segundo lugar, adoptar un jardín. En 2009, unas 26.000 personas adoptaron un árbol, mientras que en 2010 esa cifra aumentó hasta los 263.000.

China es, desde 2008, el mayor emisor de dióxido de carbono del mundo. Pero su plan es reducir entre un 40 y un 45% sus emisiones de carbono para 2020. China no quiere seguir contaminando.