Podría producirse otro accidente como el del Prestige
Así lo cree la organización ecologista Greenpeace. Han pasado diez años desde que se produjo el terrible vertido de petróleo del Prestige y hace poco que comenzó el juicio. La justicia, en algunos casos, es desesperadamente lenta. Pero ése no es el mayor problema.

El mayor problema es que aún se pueden ver enormes petroleros navegando por el mar Cantábrico. O por el Atlántico, no muy lejos de las costas gallegas o portuguesas. Cuatro activistas de Greenpeace fueron en lancha hasta el Searacer, un petrolero de 274 metros de eslora, con bandera de Malta y procedente de Aruba (Antillas Menores), un buque con los tanques repletos de petróleo. Un barco no muy diferente al Prestige.

Los activistas se enfrentaron a vientos marinos que dificultaban sus maniobras y a grandes olas de hasta tres metros, que les empujaban contra el casco del buque. Pero no cejaron hasta completar la misión que se habían autoimpuesto: denunciar la inseguridad en el transporte de petróleo. Además de reivindicar que otro sistema energético es posible. Por ello, Greenpeace seguirá desplegando pancartas para difundir el mensaje, para lograr un mundo más verde.

Las principales instalaciones de almacenamiento de petróleo en España se encuentran en los puertos de Bilbao, Tarragona, Castellón, Cartagena, Tenerife, Huelva y Gibraltar. Allí se produce el refinado de crudo y es frecuente ver entrar y salir grandes buques cargados de hidrocarburos procedente de todo el planeta.

El año pasado, España importó 52 millones de toneladas de crudo. El transporte de productos petrolíferos supone un riesgo para el medio ambiente y, por otra parte, demuestra la enorme dependencia que tiene el país de las fuentes de energía sucias. Además, no existe una legislación adecuada que defina, con precisión, las competencias y las responsabilidades para un transporte seguro y para que, en caso de accidente, estén disponibles los equipos, tanto materiales como humanos, para afrontarlo, para que, en definitiva, el impacto ambiental sea mínimo.

El Searacer es uno de tantos petroleros, como, en su día, lo fue el Prestige: una bandera de conveniencia, una empresa armadora griega, una registradora en Liberia, una aseguradora en Bermudas y una clasificadora americana (ABS). Así no se sabe quién son los verdaderos beneficiarios de las actividades del buque y de su mercancía. Así, las responsabilidades son muy difíciles de definir.