Cucaracha San Valentin
En San Valentín, no sólo el amor está en el aire. También hay curiosas iniciativas que cargan la atmósfera con el agridulce sabor de la venganza. Eso sí, es una venganza inofensiva, con mucho humor negro, envuelta en una caja con forma de corazón, lazo de raso incluido, que además de permitir ayudar al planeta es perfecta para quedarse como nuevo después de una ruptura traumática.

¿Pero, de qué se trata? La cosa va de cucarachas, de amores rotos que dejan un mal recuerdo y de cómo un zoo sabe sacarle partido a esa rabia contenida que se tiene contra los ex para conseguir fondos para preservar el medio ambiente. De un modo insólito pero muy efectivo, el corazón partío y la Naturaleza degradada pueden encontrar alivio con esta pequeña, bendita locura del zoológico del Bronx que consiste en permitir poner a una cucaracha del centro el nombre de una expareja por San Valentín.

Bombones con forma de cucaracha

El centro, ubicado en Estados Unidos, lo tiene todo muy bien organizado. Usted llega con diez dólares (unos 8 euros) en el bolsillo o la VISA lista, le pone el nombre a una cucaracha africana, a un par de ellas o a cuantas quiera (dependerá del número de ex indeseables de los que quiera desquitarse) de las que corretean por allí y a continuación le ofrecen las pruebas del delito. Es decir, un certificado “oficial” por cada cucaracha o pareja de cucarachas bautizadas, asegurando que el animal habrá de cargar con ese nombre elegido el resto de su vida.

Y es que, como dicen, del amor al odio hay un paso, y explotar el Día del Amor de este modo, sacándole partido como festividad del desamor, se ha revelado como una idea de éxito. No sólo por su efecto viral (la noticia ha incendiado la red) en sólo unas horas, sino también por su gran acogida. Aunque, hay que decirlo, se lanzó en 2011 por primera vez, y desde entonces no se habían animado a repetir.

Pon el nombre de tu ex a una cucaracha y ayudarás a cuidar el planeta
Naturalmente, quienes acudieron a bautizar a los insectos no buscaban ayudar al medio ambiente, sino más bien hacer un anti-regalo a esa persona que muy probablemente hubieran deseado no conocer. Sin embargo, con su aportación económica ayudaron a conservar los parajes naturales de Estados Unidos. En concreto, según afirma la página Web del zoo, el dinero va destinado a la Sociedad de Conservación de la Vida Silvestre norteamericana.

¿Pegas? Jugar con el imaginario social que simboliza e identifica lo asqueroso y más ruin con los insectos y ratas, en particular con las cucarachas, no deja de ser reforzar un especismo que habría que desterrar. ¿Pero, es tarea de un zoo? La responsabilidad moral sí debería tenerla, y la cuestión aquí es debatir si realmente el fin justifica o no los medios.

San Valentin cucarachas
Por otro lado, estas cucarachas gigantes de Madagascar no sufren maltrato, pues no se las toca siquiera, cosa que es de agradecer en los tiempos que corren. Otra cosa sería pasar a valorar en qué condiciones están en el zoo, algo que desconocemos, si bien no deja de ser un centro zoológico, es decir, un lugar de cautiverio. Por otra parte, quién sabe, después del éxito podría extenderse la moda a otros zoos, incluso vía online.

¿Y, qué decir del destinatario de la bromita? Por un lado, es un alivio pensar que el regalo podría sustituir a otro que tratase de aterrorizar a un ex enviándole un detalle macabro por San Valentín, con cucarachas incluidas. Y, si bien la cosa tiene tintes especistas, hay que reconocerle originalidad y el buen fin. Se trata, en suma, de una manera de gastar una broma pesadita, que no es fácil de aguantar, todo sea dicho. Por muy ricos que estén los bombones…