Problemas medioambientales de la presa de las Tres Gargantas
Lo malo de las grandes agresiones al medio ambiente es que no son fácilmente rectificables. El mal está hecho y es casi imposible recuperar lo perdido. El megaproyecto chino de la construcción de la presa de las Tres Gargantas fue muy criticado por las organizaciones ecologistas porque iba a suponer un atentado gravísimo contra el medio ambiente. Como sabemos, el Gobierno chino desoyó las críticas y siguió adelante con su plan, desplazando a millones de personas y alterando de una vez para siempre el medio ambiente de la región.

Y ahora llegan los problemas. No han tardado mucho, en realidad. El propio Gobierno de China lo ha reconocido y ha empezado (o se ha visto obligado) a tomar medidas efectivas para detener el deterioro medioambiental que está produciendo el proyecto hidráulico de las Tres Gargantas para el año 2020. En Chile, aún están a tiempo.

Por un lado, se están produciendo efectos muy negativos en los cauces medio y alto del río Yangtsé. Por otro, se prevén desastres geológicos. Tanta cantidad de tierra removida y desplazada y retirada estaba claro que iba a resultar un problema. Además, el Gobierno chino ha prometido incrementar los esfuerzos para conservar el medio ambiente y promover la biodiversidad en las zonas que sufran impacto negativos a causa del, hasta ahora, mayor complejo hidroeléctrico del mundo.

El cuerpo principal de la Presa Tres Gargantas, ubicado en un pueblo llamado Sandouping de la provincia central de Hubei, se acabó en mayo de 2006, tras diecisiete años de trabajos de construcción. La estructura comenzó a funcionar en 2003. Se han prevenido inundaciones, se ha generado energía y se ha impulsado el transporte fluvial y el uso de agua. Pero también han surgido problemas, como la población que ha tenido que ser reubicada, la protección medioambiental y la prevención de desastres geológicos.

En los cauces medio y alto del río Yangtsé, una de las zonas más pobladas del país, aumenta la contaminación que llega al río y supone una terrible presión ambiental. De seguir así, no será fácil garantizar la seguridad del agua potable. En algunas partes del río, la capa de basura llega hasta los sesenta centímetros de grosor y se acumula sobre un área de más de 50.000 metros cuadrados. En algunos lugares es tan compacta que se puede caminar sobre ella.