¿Profesionalizar el toreo, no tocarlo o prohibirlo?
¿El toreo es arte, cultura, motivo de indiferencia o quizá tortura y vergüenza nacional? En un país de contrastes como éste, una España con una historia tan llena de confrontaciones, de tradiciones ancladas en el brutalidad y el atraso, opinar sobre la profesionalización del toreo puede convertirse en una auténtica batalla campal.

Para unos, el maltrato animal es un concepto acaso demasiado elástico, básicamente invisible, mientras otros ponen el foco precisamente en ello. Resultado: imposible el entendimiento, pero va avanzándose en sentidos opuestos: el activismo va a más y ambos contrincantes mueven ficha.

Una guerra abierta

¿Ataques y contrataques? Los taurinos dicen que los defensores de los derechos de los animales les atacan, mientas éstos consideran que atacar es maltratar al toro. Lejos de atacar, por lo tanto, sus demandas de abolición serían una simple defensa. La pregunta es: ¿Quién es en realidad la víctima, el toro o los toreros?

En esta guerra, sin embargo, la gran mayoría no se posiciona. Ni va a los toros ni quiere acabar con lo que se ha dado en llamar “fiesta nacional”. De un modo u otro, apoyan el status quo. ¿Pero, ser indiferentes, no luchar contra una supuesta injusticia nos convierte en cómplices de ella?. Que cada uno responda a este interrogante…

¿Profesionalizar el toreo, no tocarlo o prohibirlo?
Sea como fuere, lo cierto es que la indiferencia eterniza el problema y lo agrava desde un punto de vista ético. Como decía Martin Luther King: “No me duelen los actos de la gente mala, me duele la indiferencia de la gente buena”.

En el mismo sentido, Gandhi nos recordaba que “lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena”. Y siglos antes ya lo expresó el escritor y filósofo Edmundo Burke: “Lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos”. O el reconocido pensador chino Confucio cuando afirmaba que “saber lo que es justo y no hacerlo es la peor de las cobardías”.

La propuesta: profesionalizar el toreo

Convertir al aspirante a torero en un estudiante de tauromaquia para adquirir un título con validez académica no parece gustar ni al sector taurino ni, por supuesto, a los animalistas.

Como era de esperar, la propuesta del Ministerio de Educación para profesionalizar el toreo está siendo muy polémica. Tal y como se ha avanzado (por ahora solo hay un borrador), el objetivo es impulsar un título de Formación Profesional (FP) para ser torero y ofrecerlo a las autonomías para que lo apliquen si así lo deciden.

Cursarlo no precisará poseer el título de ESO, su duración será de 2.000 horas y está pensado para alumnos que no aprueben la secundaria. En concreto, el nuevo grado se engloba en la categoría de FP básica y además de los aspectos prácticos propios de la lidia, en el programa de estudios se incluye la enseñanza de materias relacionadas con la cultura general, como matemáticas, lengua, inglés, biología.

¿Profesionalizar el toreo, no tocarlo o prohibirlo?
Lógicamente, no se trata de una propuesta desvinculada de la contienda que se libra. ¿Toros sí, toros no? De hecho, el borrador del currículo hace una defensa a ultranza del toreo, toda una declaración de intenciones. En él afirman:

La tauromaquia es una manifestación artística desvinculada de ideologías que forma parte de la cultura tradicional y popular. El futuro de la tauromaquia está ligado a su consideración como parte esencial del Patrimonio Histórico, Artístico, Cultural y Etnográfico de España.

En el mismo texto se comienzan a lanzar pullas contra los antitaurinos cuando se dice sin ambages que “la fiesta de los toros y los espectáculos taurinos populares están sujetos a constante evolución, sin que se puedan hacer conjeturas sobre de qué manera se adaptarán a las sensibilidades cambiantes de nuestros tiempos u otros venideros”.

El status quo: toreo, un arte

Aunque la iniciativa no duda en considerar la tauromaquia un arte, el mundo del toreo no la ha acogido con entusiasmo. Francisco Rivera Ordóñez, uno de los toreros más mediáticos, se ha manifestado claramente en contra de que se convierta en una actividad controlada oficialmente:

Exigir unos estudios para ponerte delante de un toro y expresar lo que tú sientes me parece una tontería, la verdad. Sin embargo, que sea opcional me parece muy bien. Todo lo que sea formar, promocionar el toreo como parte de la cultura española es positivo, pero igual que no puedo obligar a Picasso, Dalí o Benlliure a estudiar para pintar sus cuadros un torero no puede tener esa exigencia.

¿Profesionalizar el toreo, no tocarlo o prohibirlo?
Profesionalizar el sector, por otro lado, podría ser una amenaza para las numerosas escuelas taurinas, cuya formación carece de validez académica. Lógicamente, tendrían que adaptarse a esta realidad. ¿Quizá peligraría su supervivencia? Para muchas de ellas sería justo lo contrario, pues la titulación se impartiría en institutos de toda España o en colaboración con escuelas taurinas.

Otras voces, por ejemplo, consideran esta iniciativa una reacción ante la convulsa situación. Del mismo modo que se ha pensado en los toreros, podría hacerse lo propio para los futbolistas, pongamos por caso. ¿Acaso no se hace porque la razón obedece a algo que va más allá de un deseo de formarles? Se trataría, en suma, de apoyar a una de las partes enfrentadas, aunque en el actual contexto los efectos no deseados podrían acabar convirtiéndose en una suerte de criminalización de la actividad.

“El arte no puede implicar obligación”, repite el hijo de Paquirri en una reciente intervención televisiva. “La mayoría no llegamos a nada en una profesión tan difícil, por lo que formarse siempre es positivo”. ¿Pero, más allá del arte o no arte, acaso esa formación podría ser negativa para el sector del toro?

Las protestas: prohibición del toreo

Donde los toreros ven arte y cultura, los animalistas ven tortura. La abolición es el objetivo. No valen medias tintas. ¿Sus logros? ¿Su principal ? La empatía con el animal. Su sufrimiento. Crueldad máxima. Institucionalizada. Y el público, mentes anestesiadas. Folclore casposo y, sobre todo, un gran negocio al que no se está dispuesto a renunciar.

¿Profesionalizar el toreo, no tocarlo o prohibirlo?
La abolición de toros en Cataluña en 2012 fue una gran victoria. Y ha habido otras muchas a nivel institucional, sobre todo a partir del cambio político que supusieron las municipales. Y, cómo no, la red juega a su favor. Mueven conciencias y logran más repercusión de sus actuaciones a nivel de participación, seguimiento y repercusión.

Las granjas santuario difunden imágenes idílicas de toros, vacas y otros animales que pertenecen a la industria cárnica o ganadera. Sin maltratos, sin utilitarismos, y con muchos likes y RT en las redes sociales. Algunas acciones han sido apoteósicas, como la adopción de un toro de la ganadería Domecq que estaba destinado a ser toreado en Barcelona por Christophe Thomas, un granjero francés que decidió adoptar a un toro para demostrar que no son unos animales agresivos y demostrar que el toreo es una “una de las mayores crueldades que puedan existir”.

Si las imágenes de Thomas y su toro Fadjen son elocuentes en este sentido, sus declaraciones no lo son menos. “Cuando les pregunté si era difícil educar a un toro me contestaron, si lo cuidas bien, verás que es incluso más fiel que un perro. Esto, demuestra que ellos saben bien el tipo de animal que tienen y que mandan a las corridas”, explica. Desde luego, las imágenes le dan la razón.

¿Profesionalizar el toreo, no tocarlo o prohibirlo?
Por otra parte, aunque los medios más tradicionales, como la televisión o los periódicos siguen siendo oficialistas en este sentido, ahora mencionarlos es habitual. Han conseguido hacer oír su voz contra el toreo, el toro de la Vega, los San Fermines y demás fiestas populares que incluyen los toros en sus programas de festejos.

La propuesta de profesionalizar el toreo ha despertado una ola de indignación en la red. Son varias las campañas iniciadas en Change.org contra este curso, exigiendo que se retire. Una de ellas, iniciada por un ciudadano de Madrid, ha sumado casi 40.000 firmas en solo unos días.

En la petición se lamenta que la ley que castiga el maltrato animal “incluya una excepción explícita cuando el animal maltratado, torturado y ejecutado es un toro de lidia”, y que se esté tratando de dar al toreo la protección legal de Bien de Interés Cultural.

“Quieren perpetuar una tradición en declive creando artificialmente un relevo generacional, enseñando a niños de 15 años a torturar animales (…). ¡Dejémosles bien claro que España no quiere que este proyecto siga adelante!”, concluye la petición.