Protección de los bosques contra el cambio climático
La Unión Europea tiene que actuar de inmediato en materia de protección de los bosques. El estado de los recursos forestales es cada vez más preocupante. El cambio climático está modificando la gestión y la protección de los bosques en casi todo el planeta. Deben protegerse contra los efectos perjudiciales del calentamiento global y de la pérdida de biodiversidad.

Los bosques poseen una riqueza incalculable, forman parte de nuestra naturaleza y son imprescindibles. Desempeñan funciones sociales, económicas y ambientales múltiples e interrelacionadas. Facilitan puestos de trabajo, ingresos y materias primas para la industria y las energías renovables. Protegen el suelo, las poblaciones y la infraestructura, regulan los aportes de agua dulce y conservan la biodiversidad.

Respecto al clima, los bosques actúan como sumideros que absorben al crecer dióxido de carbono (CO2), el principal gas de efecto invernadero, pero son fuentes de CO2 al talarse, quemarse o sufrir daños a causa de tormentas y parásitos. Los bosques también regulan el tiempo atmosférico local y regional.

Es fundamental para el futuro que los bosques puedan seguir cumpliendo todas sus funciones y evitar un cambio en la distribución natural de especies de árboles y en el crecimiento de los rodales existentes. La mayor parte de los bosques ha crecido en volumen de madera y reserva de carbono, eliminando así más CO2 de la atmósfera. No obstante, la pérdida de bosques (sobre todo en los países en vías de desarrollo) y otros cambios en la utilización del suelo generan ahora mundialmente un 12-15% de las emisiones planetarias de CO2.

Los bosques y otras superficies forestales ocupan unas 176 millones de hectáreas en la Unión Europea, esto es, más del 42% del territorio.