En algún lugar secreto de Alaska, las fuerzas aérea norteamericanas trabajan desde hace más de quince años en el proyecto HAARP con el fin de entender, simular y controlar los procesos ionosféricos que podrían cambiar el funcionamiento de las comunicaciones y los sistemas de vigilancia mundiales. En ese sentido, los pulsos emitidos de forma artificial estimulan a la ionosfera creando un billón de ondas de radio de alta frecuencia capaces de recorrer enormes distancias a través de la atmósfera y penetran dentro de la tierra para encontrar depósitos de mísiles, túneles subterráneos, estaciones secretas, o comunicarse con submarinos escondidos, entre miles de aplicaciones. Para que se entiende, HAARP funciona como un gran calentador ionosférico, el más potente del mundo de geoingeniería.

Sin embargo, el proyecto es tan interesante como peligroso. Esta tecnología permitiría crear extraños experimentos para modificar el clima, controlar la mente e incluso producir terremotos. Con un efecto que podría dirigir sus efectos hacia cualquier zona del planeta. Para algunos científicos, HAARP forma parte de un sistema de armamento militar, que tiene consecuencias ecológicas potencialmente devastadoras.

HAARP podría cambiar el clima del mundo bombardeando intensivamente la atmósfera con rayos de alta frecuencia.