Publicidad, carteles, pantallas y contaminación visual
Cuando pensamos en contaminación miramos al cielo y vemos gases o humos negros, pero el término engloba muchos otros tipos de poluciones. Desde un punto de vista medioambiental, otro tipo de contaminación que nos afecta a diario y prácticamente sin darnos cuenta es la conocida como contaminación visual. Vamos a ver en qué consiste.

Esta contaminación atenta especialmente contra los paisajes naturales y la estética o arquitectura urbana, deteriora la belleza de nuestro entorno, destruye la perspectiva de nuestras calles y caminos rurales, nos obliga a soportar una sobre estimulación de carteles publicitarios que muchas veces no nos interesan y por último, perjudica la seguridad vial dado que pueden causar distracciones.

Publicidad, carteles, pantallas y contaminación visual
Se trata de una contaminación percibida a través del sentido de la vista y que afecta a las grandes ciudades. No la podemos evitar, la publicidad está allí, se expone porque las marcas pagan para anunciarse en esos espacios y nos vemos abrumados por la cantidad de mensajes que nos quieren transmitir. Esto provoca dos cosas: la primera, que no prestemos atención a la publicidad porque hay demasiada y no está orientada a nuestras preferencias, y segundo, que ensucia y queda realmente feo.

La contaminación visual hace referencia en general al abuso de elementos “no arquitectónicos” que alteran la estética, la imagen del paisaje tanto rural como urbano, y que generan un impacto visual invasivo no deseado. Dentro de esta categoría encontramos carteles, cables, chimeneas, antenas, postes, marquesinas, pantallas y otros elementos digitales. Actualmente la publicidad se puede encontrar de muchas formas diferentes.

Publicidad, carteles, pantallas y contaminación visual
La contaminación visual tiene su origen con el crecimiento de la sociedad de consumo. Se tiene la idea que a mayor exposición de marca, más ventas se consiguen. Pero ha llegado un punto en que esta estrategia ya no funciona. Sin embargo, se continúa practicando. Tan solo con darte una vuelta por el centro de Nueva York entenderás en qué consiste. En apenas 10 metros puedes contemplar más de 25 anuncios publicitarios brillando, parpadeando y gastando energía sin cesar.

Muchas veces sin darnos cuenta estos elementos publicitarios que en su conjunto generan contaminación visual influyen negativamente sobre el hombre y el ambiente disminuyendo la calidad de vida. La cartelería y pantallas publicitarias son los elementos más repetitivos. Sus múltiples mensajes nos pueden llegar a colapsar y generar una sensación de estar viviendo en un ambiente caótico y de estrés.

En definitiva, la contaminación visual es la gran olvidada y si tratáramos de reducirla la salud de los ciudadanos aumentaría significativamente. No merece la pena ensuciar las calles, los paisajes o distraer a los conductores en las carreteras con carteles absurdos, les rogamos que cambien de modelo, hay más formas de hacer publicidad sin contaminar y mucho más efectivas.