¿Qué es la ecología del paisaje?
La ecología del paisaje estudia las variaciones que sufren los paisajes a nivel espacial, normalmente a gran escala, y también a lo largo del tiempo. Su campo de estudio son las interacciones entre los patrones espaciales y los distintos procesos ecológicos, en los que muy a menudo se deja sentir el impacto del hombre.

Así es, la acción del ser humano sobre el paisaje es tal que para su estudio se precisa una aproximación multidisciplinar. Por lo tanto, a la hora de analizar un determinado hábitat y definir una estrategia de conservación, la ecología del paisaje recurre a conocimientos biológicos, geográficos y, por otra parte, también a las ciencias sociales.

La ecología del paisajes suele aplicarse a paisajes a gran escala, pero nada impide poder hacerlo también de forma más concreta, siempre que esa menor escala tenga un sentido como unidad de análisis. Lo importante, en cada caso, es llevar a cabo una idónea ordenación del territorio que favorezca la preservación medio ambiental.

La transformación del paisaje

Si queremos evaluar el impacto ambiental desde un punto de vista arquitectónico (obras públicas y obra privada) y, en general, estudiando las huellas de las actividades humanas, uno de los modos de llevarlo a cabo es a través de la ecología del paisaje.

¿Qué es la ecología del paisaje?
El estudio de los paisajes se enfoca desde la ordenación y reordenación del territorio contemplado como un ecosistema o suma de ecosistemas que sufren variaciones. En este sentido, la ecología del paisaje es una herramienta útil para darle un uso sostenible al territorio, con el fin de reducir la vulnerabilidad ambiental.

La Asociación Internacional de Ecología del Paisaje (IALE, por sus siglas en inglés) la define como “el estudio de la variación espacial en los paisajes en distintas escalas. Incluye las causas y consecuencias de la heterogeneidad del paisaje biofísicas y sociales”.

¿Qué es la ecología del paisaje?
Además, la IALE remarca su carácter multidisciplinar y también la necesidad de relacionar las ciencias naturales con las sociales. Entre sus temas centrales destaca la estructura espacial de los paisajes, desde el desierto hasta las ciudades, así como la relación entre ésta y sus variaciones, haciendo especial hincapié en la perturbación que provoca el hombre.

En busca de la sostenibilidad

El fin último de la ecología del paisaje es integrar de la mejor manera posible hombre y naturaleza, lo que significa que siempre han de buscar oportunidades para la acción, sobre todo habida cuenta de la crítica situación que sufre el planeta y de cómo ello influye en el futuro mismo de la humanidad. En concreto, la labor de los ecologistas del paisaje es señalar los riesgos a la hora de tomar decisiones, de diseñar políticas y de recomendar las distintas opciones para la gestión de recursos naturales y del uso de la tierra.

¿Qué es la ecología del paisaje?
Hacer las urbes más habitables, lograr el equilibrio entre el asfalto y el verde o, por ejemplo, compaginar las áreas rurales y las obras públicas con las áreas naturales son algunos de los objetivos de esta disciplina. Los corredores naturales, por ejemplo, permiten a los animales desplazarse por su hábitat y la falta de éstos o su destrucción por la existencia de autopistas, alambradas, murose, etc., puede tener consecuencias dramáticas para esas especies en concreto y, en general, para el equilibrio del entorno.

Del mismo modo, los insectos polinizadores pueden ver perturbada su actividad si hay grandes extensiones de cultivos intensivos tratados con pesticidas y demás químicos. Prevenir estos y otros problemas similares es complejo, y no siempre se puede llevar a cabo por distintas razones. Aún así, más allá de su viabilidad, el diagnóstico certero corresponde a los ecologistas del paisaje.

¿Qué es la ecología del paisaje?
El diseño de las ciudades es otro de los grandes desafíos de la ecología del paisaje. Richard T. T. Forman, profesor de la Universidad de Harvard considerado el padre de esta disciplina, “la ecología del paisaje urbano ha de incluir a las personas y la naturaleza”. Su mundo ideal está en las antípodas de la ciudad caótica y contaminada. Para Forman, una urbe sostenible pasa por “moldear la tierra y distribuir a las personas en áreas alrededor de la gran ciudad, afectando mínimamente el medio ambiente”.