¿Qué es la guerrilla gardening?
Hacer las ciudades más acogedoras a golpe de verde es el objetivo de las acciones de guerrilla gardening o jardinería de guerrilla, ya se realicen a pequeña o a gran escala. Pero, para éstas sean consideradas como tal, ha de cumplirse otro requisito: la plantación ha de hacerse sin pedir permiso, normalmente en espacios públicos abandonados o no susceptibles de ser sembrados, al menos oficialmente.

Se trata de una revolución ciudadana silenciosa, natural, de todo un acto de rebeldía llevado a cabo con nocturnidad y alevosía, en la que se toma por asalto una zona. Su magia es precisamente ésa, la de sembrar en secreto, durante la noche o amparados por el anonimato para que, donde hubo un espacio baldío, haya ahora un jardín, zona verde, incluso una inesperada maceta o macetón con plantas dispuestas a cambiar conciencias y paisajes.

Jardineros guerrilleros

Los intentos de quienes realizan estas acciones, es decir, de los jardineros guerrilleros, pueden resultar fallidos en numerosas ocasiones, pero sus gestos se repiten con incombustible insistencia, pues insistir forma parte de esta filosofía que declara la guerra a la dictadura del asfalto, tan aburrido y poco saludable.

El origen del movimiento es incierto, si bien podríamos señalar al activista londinense Richard Reynolds como uno de sus padres. En su blog podemos ver todo un recopilatorio de actuaciones ciudadanas, como por ejemplo las ejecutadas durante una noche en el alcorque de un árbol urbano, convirtiendo un espacio lleno de tierra, completamente yermo, en un macetero de lo más resultón, donde, de la noche a la mañana, explotan unos preciosos girasoles reventones o cualquier otra planta, pongamos por caso.

¿Qué es la guerrilla gardening?
Con pala en mano y semillas o plantas ya creciditas, los jardineros guerrilleros no dan tregua al asfalto urbano ni a los espacios que considera adecuados para albergar vida vegetal de cualquier tipo. El gesto es simbólico, esencialmente, y el significado es claro: plantar sin permiso de nadie, normalmente de las autoridades, si bien pueden okuparse lugares de todo tipo, que no sean estrictamente públicos.

El movimiento ha adquirido una dimensión mundial, por lo que tomar por asalto cualquier lugar gris que repela a la vista o a los pulmones se ha convertido en un idioma universal que habla de reverdecer, de invadir con siembras elocuentes por sí solas y que animen a otros a sumarse a la iniciativa. Basta con poner la primera semilla, con elegir bien la especie para que resista en el entorno hostil al que se enfrentará… y esperar a que todo se pinte de verde, de colores, de vida.