Qué se discute en la Cumbre de Durban
Continúa la Cumbre de Durban. Continúa el desacuerdo y se huele el fracaso. Cada país, cada región, defiende sus intereses económicos sin importar la lucha conjunta por lo que, a priori, parecía que se celebraba esta cumbre: fijar acciones efectivas para mitigar el cambio climático.

Los países más vulnerables al cambio climático son los más perjudicados. Aunque, en realidad, a la larga, todo el planeta será afectado en mayor o menor medida. Pero los que antes (algunos ya lo están haciendo) van a comprobar los efectos negativos del cambio climático no saben qué hacen en Durban. “¿Estamos de vacaciones?”, preguntó Karl Hood, ministro de Asuntos Exteriores de Granada, un país insular del Caribe. Su enfadado era comprensible. No hay avance en las reuniones. No va a producirse ningún tipo de acuerdo climático antes de 2020. Es lo que reclama Estados Unidos. La Unión Europea cree que es mejor eso que nada. Ni Europa ni Estados Unidos quedarán sumergidos en los próximos años.

Hood es el portavoz de la Alianza de Pequeños Estados Insulares y denuncia que puede ser el fin para esos países. Tuvalu y Kiribati, en la Polinesia, podrían ser dos de los primeros países en desaparecer con la subida del nivel del mar asociada al calentamiento global. Son países que no tienen poder económico ni militar. Samu Saumatua, ministro de Medio Ambiente de Fiyi, país insular de Oceanía, señala que la seguridad alimentaria va a ser un problema en los próximos dos años. En Fiyi viven un millón de personas.

Entonces, ¿para qué sirve la reunión de Durban? Algunas ideas, algunos proyectos, que, como siempre, beneficiarán a los países ricos a costa de los pobres, se perfilan como posibles soluciones. En concreto, parece que se va a impulsar definitivamente la captura y almacenamiento de carbono (CAC). Los países están llegando a un acuerdo para que la técnica que permite el enterramiento de gas sea considerada como mecanismo de desarrollo limpio (MDL). Esto implica que generará créditos de CO2 si se realiza en países en desarrollo. En otras palabras, los países pobres recibirían dinero y los ricos podrían limpiar su mala conciencia ecológica. Pero enterrar el problema no es los mismo que solucionarlo, la principal crítica de ecologistas y otros sectores. ¿No es una forma de decir: “señores, sigan contaminando, sólo tienen que enterrarlo después”? ¿No es algo parecido a enterrar residuos nucleares, algo que no está tan bien visto?
Contradicciones ecológicas.

Acuerdo para seguir usando carbón

La Agencia Internacional de la Energía llama al carbón el “combustible invisible”. Hace años que conocemos el proceso de cambio climático que se está produciendo en el planeta. Hace años que la tecnología permite obtener energía renovable a un coste razonable. Sin embargo, un 40% de la nueva potencia instalada en la última década proviene de centrales térmicas que funcionan con carbón, especialmente en los países emergentes, es decir, China e India. Muchos países han invertido en el desarrollo de la tecnología de captura y enterramiento de carbono, pero aún no hay plantas viables.

Para algunos es la mejor solución. Para los más beneficiados, claro. Mark Bonner, responsable del Global CCS Institute, un organismo fundado por el Gobierno australiano (otro de los países que más dependen del carbón como fuente de energía) se muestra satisfecho en una de las salas de la cumbre. Pertenece a uno de los grupos de presión que se han acreditado para velar por sus intereses. Los países que apoyan este acuerdo y que tienen fuerza política para conseguir que se lleve a cabo son los que exportan carbón o dependen de dicho combustible (y de los demás combustibles fósiles), es decir, Australia, Sudáfrica, Arabia Saudí, China y otros. Así pues, que no lo llamen Cumbre del Clima. Que lo llamen Cumbre Económica y Energética.

Mientras el planeta sigue la marcha hasta su total destrucción, algunos asistentes a la cumbre discuten en los pasillos sobre lo que harán… durante los safaris por el parque Kruger de los que disfrutarán el próximo fin de semana.