Ratones envenenados para combatir una plaga de serpientes
Isla de Guam, en el Pacífico occidental. Por la noches, millones de serpientes se deslizan por el suelo. No hay nada de malo en ello. Sólo que no hay ningún depredador que controle el crecimiento de la población y se han convertido en una plaga. Su piel es marrón, su vientre de un amarillo vibrante.

La Boiga irregularis llegó a la isla hace sesenta años. Tiene cerca de un metro de largo. En la zona se la conoce como culebra arbórea café o serpiente marrón de árbol. Se ha convertido en el mayor enemigo ambiental y requiere de medidas drásticas y un tanto originales.

En una extensión de 540 kilómetros cuadrados, en la isla de Guam habitan más de dos millones de estas culebras. Para erradicar la plaga, se han probado varios métodos tradicionales. Todos han fracasado. Así que las autoridades han decidido probar nuevas técnicas.

Se cree que las serpientes colonizaron la isla al acabar la Segunda Guerra Mundial, provenientes de la isla Manus, en Papúa Nueva Guinea. Durante el conflicto, hubo un equipo militar que utilizó esta isla y que, en ocasiones, visitó Guam. Es probable que alguna serpiente entrara a través de una embarcación o un avión. A partir de unas pocas parejas, la población de serpientes se ha desarrollado hasta niveles que causan daño al ecosistema del lugar, además de volver locos a los habitantes de Guam.

La plaga ha diezmado a especies de aves nativas, roedores, lagartijas y pequeños mamíferos. Pero se está probando el arma definitiva: lanzar ratones envenenados desde helicópteros. Un caballo de Troya. Las serpientes no se podrán resistir a uno de sus alimentos favoritos. Un festín que resultará fatal para los ofidios.

Se usa paracetamol, un fármaco que calma el dolor en los seres humanos, pero resulta letal para la serpiente marrón de árbol, según ha explicado Dan Vice, del Departamento Estadounidense de Agricultura. Guerra química contra las serpientes.