Recién licenciado en una prestigiosa universidad británica encuentra trabajo como espantapájaros
Jamie Fox es un espantapájaros humano mileurista, que cumple su jornada laboral inmerso en plena campiña inglesa, respirando aire puro, sentadito en una silla y leyendo tranquilamente sus libros favoritos, siempre listo para espantar a los pájaros tocando su acordeón, el ukelele o un cencerro.

Por su trabajo cobra 250 libras esterlinas, unos 1.200 euros mensuales, un sueldo que no está nada mal, sobre todo teniendo en cuenta que la crisis económica hace escasear las buenas oportunidades laborales. En su caso, como en el de tantos otros jóvenes universitarios, encontrar empleo en función de su preparación fue misión imposible. Aunque, en realidad, sí trabaja en lo suyo, pero de un modo que nunca imaginó.

Cuando se matriculó en una facultad de música, Jamie jamás pensó que acabaría siendo aprendiz de espantapájaros. Sin embargo, este joven británico de 22 años se siente feliz por poder tener un trabajo nada más acabar sus estudios de música en, ni más ni menos, que la prestigiosa Universidad de Bangor del Reino Unido.

Un trabajo que le encanta

Su horario laboral, de 7:30 a 16 horas, ha de cumplirlo vestido de forma llamativa. Sus gabardinas llevan capucha y suelen ser fluorescentes, en tonos naranjas o amarillos. Así ataviado, es fácil imaginar que verlo en acción sea un auténtico espectáculo.

Cuando se acerca una bandada de pájaros con la intención de llenarse la pancita comiendo frutos, semillas y demás, Jamie se planta en medio del campo, comienza su escándalo musical y, por supuesto, siempre consigue que las aves cambien de idea al instante, evitando que los cultivos queden afectados.

Jamie cuenta que su trabajo en un campo de Norfolk es perfecto, porque pasa la mayor parte del tiempo leyendo rodeado de una privilegiada naturaleza. En tono de broma, comenta que tocar el ukelele suele hacerles bastante menos efecto que el acordeón o el cencerro, si bien su efectividad ha sido valorada como muy satisfactoria por el agricultor que lo contrató.

En el futuro no se ve trabajando durante toda su vida como espantapájaros, pero no imagina nada mejor mientras encuentra una orquesta que lo acepte. Y no es el único, porque todos sus amigos envidian su suerte por haber encontrado un trabajo ideal, sin estrés, sin odiosos jefes que le amarguen la vida y con toneladas de tiempo libre para leer, respirar aire puro y poder seguir soñando…