Reconversión del sector pesquero en Holanda hacia una pesca sostenible
Una crisis puede verse como una oportunidad. Es lo que hizo la industria pesquera en Holanda. Hace cuatro años, una buena parte del sector entró en una grave crisis: el barril de petróleo no dejaba de subir y el Mar del Norte se quedaba sin pescado, los pescadores venían con menos carga que en años pasados y estaban abocados a la ruina.

Organizaciones ecologistas comenzaron a hacer una campaña informativa de las especies que se encontraban en peligro de extinción y pedían a los consumidores que no las compraran (lo que está ocurriendo en la actualidad en Reino Unido y otros países). De hecho, Greenpeace inició una agresiva campaña mundial contra la pesca del arrastre de fondo, una práctica que destroza el ecosistema marino.

Entonces, la asociación de minoristas de alimentos de Holanda decidió que debían elaborar ​​un plan de siete pasos hacia una pesca sostenible, un plan que contó con el apoyo de la organización ecologista WWF. Uno de los compromisos era que, a finales de 2011, los únicos peces que se capturarían serían los que luego se pudieran vender bajo la etiqueta MSC, que apoya una pesca sostenible.

En definitiva, el sector pesquero holandés decidió apostar por la sostenibilidad, aun a costa de tener que hacer cambios difíciles y costosos en la industria. Por su parte, el Parlamento holandés votó a favor de otorgar un total de 1,5 millones de euros para subvencionar la pesca con certificación de sostenibilidad.

Las especies protegidas, en tan sólo unos pocos años, han tenido una recuperación espectacular. En 2008, prácticamente sólo se podía vender, con la etiqueta de MSC, el arenque. En la actualidad, hay seis especies autóctonas y otras cinco más en fase de evaluación.

Unos ochocientos productos en Holanda llevan, en la actualidad, la etiqueta MSC. Todo ello, claro, gracias también a la conciencia de todos los ciudadanos. Una encuesta señala que el 40% de los holandeses que compran pescado, reconocen el logo del MSC, y que el 21% sabe lo que supone. Y se espera seguir mejorando.

El objetivo más ambicioso sería implantar esta certificación y un programa de etiquetado en países como Japón, Vietnam, Sudáfrica, España y otros países grandes consumidores de pescado.