Reducir la contaminación que sale por los tubos de escape
La contaminación proveniente de los coches es uno de los mayores problemas medioambientales (si no el mayor) de las grandes ciudades. Cada mañana se ponen en marcha cientos de miles de vehículos que funcionan con gasolina o diésel y, desde ese mismo momento en el que comienza a rugir el motor, se contamina la atmósfera.

Es cierto que, para reducir la emisión de gases contaminantes que se producen en el proceso de combustión de un motor a explosión, la mayoría de vehículos cuenta con catalizadores, dispositivos que eliminan algunas de las sustancias más contaminantes. Sin embargo, estos catalizadores sólo son efectivos a altas temperaturas. Por ello, los ingenieros están investigando nuevos métodos que consigan atrapar esos contaminantes antes de que se alcance esa temperatura en la que es posible desintegrarlos. En concreto, una joven investigadora de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) trabaja en el desarrollo de nuevos materiales capaces de retener esas sustancias perjudiciales.

Para lograr que el motor de un coche funcione y éste se mueva es necesario que se produzcan una serie de reacciones químicas. Los catalizadores descomponen los hidrocarburos. El nuevo método trata de sintetizar trampas para los hidrocarburos sobre un material en el que están distribuidas nanopartículas de metales activos: cobalto y plata.

Lo más innovador del proceso es que usa fluidos supercríticos, unas sustancias que, a una determinada temperatura y presión, llegan a su punto crítico y combinan características tanto del estado gaseoso como del líquido. Las características de este fluido híbrido permiten sintetizar materiales a partir de dióxido de carbono. Además, cuenta con la ventaja de que no es una sustancia cara, ni es medioambientalmente perjudicial, ya que es inocua y no contamina.

El proceso logra disolver el dióxido de carbono con un precursor que contiene el metal que se desea incorporar. Se aumenta la presión y la temperatura para descomponer los metales, que se depositan en los poros del material, por tanto, no se emiten a la atmósfera. Todo el proceso se realiza en una sola etapa.

Los fluidos supercríticos forman parte de lo que se conoce como la nueva química verde, esto es, la que logra procesos más limpios y amigables con el medio ambiente. La aplicación más estudiada hasta el momento es la extracción de aceites vegetales.