Renovables, encarecimiento del petróleo: ¿por qué continúan buscando nuevos yacimientos?
Las prospecciones de petróleo en el Ártico (especialmente allí, pero también en otras partes del mundo), para algunos son una oportunidad de negocio (para las empresas petroleras y sus asociados económicos y políticos), pero para el resto son un problema medioambiental, un atentado contra la naturaleza que afectará a varias generaciones.

Si en los últimos años estamos viviendo un desarrollo sin precedentes de las energías limpias y renovables y, en todo caso, aún quedan millones de barriles de reservas de petróleo, ¿por qué se siguen buscando nuevos yacimientos? ¿Vamos a apostar por las renovables o no? Además, la crisis económica y el alto precio de los carburantes, hace que la demanda disminuya en algunos países. En España, el consumo de combustibles de automoción descendió un 3,9% en los dos primeros meses del año con respecto al mismo periodo del ejercicio anterior. Los combustibles procedentes del petróleo se han encarecido hasta un 8% desde principios de año.

Volviendo al asunto de las prospecciones en el Ártico, si grupos ecologistas, países de la zona y ciudadanos preocupados por el medio ambiente, están en contra de esta búsqueda del oro negro en esa región más que en ninguna otra es porque es un ecosistema mucho más frágil e irrecuperable. Un accidente puede ser mucho más dañino que en otras partes del mundo (en cualquier caso, un derrame de petróleo puede acabar con un ecosistema en cualquier punto del planeta).

En el Ártico, las temperaturas son extremas, hay placas de hielo y, en general, las condiciones meteorológicas y geográficas aumentan el riesgo de extraer petróleo. Las labores de limpieza en caso de que se produzca algún vertido pueden ser imposibles de llevar a cabo, según la época del año. Sólo podríamos ver cómo el petróleo se extiende por el mar y por el hielo, impotentes, sin poder hacer nada.

El ecosistema del Ártico es frágil por sí mismo. Alberga algunas especies que ya se están viendo especialmente afectadas por el calentamiento global. Además, este tipo de explotaciones contribuye al propio calentamiento. Una vez más, la pescadilla que se muerde la cola: más petróleo, más calentamiento, más peligro para los ecosistemas y para el planeta en general.

No se puede defender, en ningún caso, una prospección de petróleo en el Ártico. Ese largo tubo que se hincará en la Tierra en busca de un yacimiento puede convertirse en la puntilla que remate a un planeta que ya está moribundo.