Repoblación de erizos de mar en Chile
La Fundación Minera Los Pelambres y la Universidad Andrés Bello, con el apoyo de Corfo Innova, iniciaron la siembra de 400.000 semillas de erizo rojo en diez caletas de la Región de Coquimbo. La caleta de Totoralillo Sur ha sido la primera en acoger en su lecho marino nuevas semillas de erizo rojo. Con este proyecto se pretende recuperar este recurso marino en sectores costeros de la región de Coquimbo.

Es el programa más grande de recuperación de erizos de mar que se ha puesto en marcha en Chile. Se espera que la medida beneficie al medio millar de personas que viven de la pesca artesanal. Desde mediados de la década de los setenta del siglo pasado la extracción del erizo rojo experimentó un auge sin precedentes, convirtiéndolo en uno de los recursos pesqueros más importantes del país y reduciendo peligrosamente su población.

La iniciativa comenzó con el cultivo de 200.000 semillas de erizo rojo en los estanques de la estación científica de Cimarq en Quintay, que ahora están comenzando a ser trasladadas a las caletas. Otras 200.000 fueron compradas en zonas aledañas a las caletas repobladas y provienen del ambiente marino.

Por otra parte, se enseñará a los pescadores cómo incorporar las semillas al ambiente marino y las técnicas necesarias para hacer un seguimiento de los ejemplares sembrados.

Con la siembra en zonas donde ha sido sobreexplotado y con la participación de los pescadores se busca un futuro próspero y sostenible de esas comunidades. La iniciativa supone una inversión de 234 millones de pesos (más de 360.000 euros), financiados por Corfo Innova, la Fundación Minera los Pelambres y la Universidad Andrés Bello.

A largo plazo, el objetivo de los investigadores es lograr que las tasas de permanencia de los individuos repoblados aumenten. Para ello, se usarán diversas técnicas, entre otras, métodos de marcaje de fácil detección y aplicación, además de la medición del aporte de los erizos repoblados a la recuperación de bancos naturales.

Según investigaciones realizadas por zoólogos marinos de la Oregon State University y del Lawrence Livermore National Laboratory, este invertebrado que habita en aguas poco profundas puede vivir entre cien y doscientos años, convirtiéndolo en una de las criaturas más longevas del planeta.