Reservas marinas, un tesoro bajo las aguas
La gran diversidad de ecosistemas marinos está en franco peligro. Son muchas y muy graves las amenazas que acechan a mares y océanos en todo el mundo a consecuencia de la actividad humana.

El planeta azul está herido y, si bien los ataques que recibe por parte del ser humano son por tierra, mar y aire, la contaminación oceánica preocupa especialmente. Solo las grandes concentraciones de basura que se acumulan, denominadas “sopas de plástico” ya representan un peligro similar al del cambio climático.

Así es, al menos, según científicos del Instituto de Investigación Marina Algalita, en California. En su estudio encontraron que más de un tercio del pescado tiene “una media de una o dos piezas de plástico en sus estómagos”.

A su juicio, “actualmente la basura está matando a una mayor cantidad de animales que el calentamiento global” y, por su parte, el último informe de WWF, “Livint Blue Planet”, concluye que hay poblaciones clave al borde del colapso.

Reservas marinas, un tesoro bajo las aguas
El estudio afirma que las poblaciones de peces claves están cayendo en picado por la sobrepesca, con el consiguiente riesgo de desaparecer una fuente de alimento vital y, lógicamente, provocar una crisis por inseguridad alimentaria y económica.

Todavía son insuficientes

A pesar del negro panorama, -al que contribuyen también otros factores, todos provocados por el hombre-, las soluciones no llegan. Una de ellas, la creación de más reservas marinas, no avanza todo lo deprisa que debiera.

Los activistas, cómo no, lo piden por activa y por pasiva. Desde Greenpeace, por ejemplo, se llevan a cabo diferentes campañas. Además de del ártico, que de algún modo está relacionada con la proyección de su ecosistema marino, la organización pide protección para zonas como del pacífico oriental conocidas como “agujeros de donut”.

También existe una campaña para proteger el 40 por ciento de los océanos. ¿Un objetivo utópico? Como debe ser, pues los grandes problemas solo se solventan con grandes soluciones. Una meta lejana, sí, pero no imposible. Afortunadamente, hay motivos para la espranza.

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Entre los avances más recientes, no puede obviarse el anuncio de la creación del parque marino más grande de América por parte de Chile. Se llamará Nazca-Desventuradas, y estárá ubicado entre las islas San Félix y San Ambrosio. A 850 kilómetros de la costa norte de Chile.

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Protegerá cerca de 300.000 kilómetros cuadrados, un espacio equivalente al de la península italiana, y representa el 12 por ciento de la jurisdicción marina de Chile. O, por ejemplo, Reino Unido. Respondiendo a peticiones de organizaciones ecologistas, el Gobierno de David Cameron anunció en marzo de ese año la creación de la mayor reserva del mundo.

Protegerá una extensión de 830.000 kilómetros cuadrados en las islas Pitcairn, en el Pacífico Sur. La decisión llegó seis meses después de que Barack Obama creara la mayor red de reservas marinas, también en el Pacífico.

La idea de Obama, sin embargo, tampoco era nueva. Australia o el mismo Reino Unido se habían adelantado en la creación de reservas continuas. Justamente, es el objetivo de Greenpeace para salvar nuestros océanos, la creación una red de reservas marinas, si bien ellos la quieren “a gran escala como medida urgente para proteger las especies marinas y sus hábitats y frenar el deterioro de las pesquerías”.

¿Por qué son importantes?

Que los océanos sean un gran tesoro depende en buena parte del impacto humano que hayan recibido. Como es fácil adivinar, las áreas que no muestran signos de explotación presentan unas condiciones excepcionales. Su biodiversidad y equilibrio es el modelo al que se aspira con la creación de áreas protegidas.

Idealmente, así es, aunque en la práctica es motivo de contento el simple hecho de registrar el menor número posible de vulneraciones y, en fin, conseguir una cierta sostenibilidad.

Reservas marinas, un tesoro bajo las aguas

¿Por qué son importantes?

Los conservacionistas no dejan de recordarnos que cuidar el planeta es cuidarnos a nosotros mismos. Junto con los científicos, nos advierten que seguir alterando los océanos y el medio ambiente en general es cortar la rama sobre la que estamos sentados.

También nos recuerdan el “lucro cesante”, como diría una abogado, que estamos perdiendo. Según un reciente estudio de la Universidad Libre de Amsterdam, ampliar las reservas marinas podría suponer una ganancia de hasta 920.000 milones de dólares hasta 2050.

Dinero, mucho dinero, que generarían los sectores asociados a los ecosistemas marinos, capaces de crear infinidad de puestos de trabajo. Concretamente, entre 150.000 y 180.000 puestos. Obtendríamos un triple beneficio: protección costera frente a eventos extremos provocados por el cambio climático, pesca sostenible y beneficios millonarios.

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Y, en todo caso, son un tesoro por sí mismos. No es necesario tener un fin utilitario para que un ecosistema tenga valor. Ya lo dice la famosa frase, solo el necio confunde valor y precio. Tal y como explican desde Greenpeace, las reservas marinas son el equivalente a los Parques Nacionales en los mares y las costas.

Preservar su belleza y el derecho a la vida de los seres vivos que lo habitan, sin intromisiones humanas, es un objetivo idealista, pero no por ello menos válido. Dentro de lo posible, los conservacionistas luchan por ello. “Aunque una de las principales razones sea la conservación de los recursos pesqueros, la sobrepesca no es la única razón para proteger el medio marino de todo tipo de impactos”.

Con ello se refieren no solo al valor que para cada uno de nosotros pueda tener el respeto de la Naturaleza, sino también a la barrera de protección ambiental que conseguimos cuidando los océanos. Una vez más, proteger nuestro entorno es proteger el equilibrio del planeta, nuestro hogar. En realidad, todos vamos en el mismo barco.