Restos de fármacos en los sedimentos del río Ebro
En el mundo desarrollado se consumen tantos medicamentos que se está comenzando a perjudicar al medio ambiente. Un nuevo estudio señala que ha aumentado hasta en un 30% la presencia de medicamentos en el río Ebro, en España. Los residuos de medicamentos hallados en los lodos se suman a las concentraciones de entre 50 y 100 nanogramos de cada sustancia (de 43 fármacos estudiados en total) que ya se habían contado. Aunque esto no supone un riesgo para la salud humana, sin duda el medio ambiente se ve perjudicado.

Los fármacos más comunes son los antiinflamatorios, pero los más tóxicos son los antibióticos. Entre todos, la concentración de medicamentos en los ríos puede llegar a algún microgramo por litro. Para que sea perjudicial para una persona, debería beber más de 10.000 litros de agua sin para y directamente del río.

Sin embargo, los que sí van a sufrir las consecuencias de estas altas concentraciones de medicamentos son los ecosistemas, aunque todavía deben realizarse estudios complementarios para determinar el alcance. En todo caso, algunos fenómenos atmosféricos, como un episodio de fuertes lluvias, pueden liberar las partículas que permanecen retenidas en el lecho fluvial.

Los investigadores también han detectado que la concentración de fármacos es mayor en los pequeños afluentes que van a parar al Ebro (han citado, en concreto, el caso del río Arga a su paso por Pamplona) y en zonas próximas a explotaciones ganaderas, mientras que su efecto se diluye en el curso bajo por la presencia de mayor caudal.

La solución al problema sólo puede ser la conciencia colectiva, es decir, darnos cuenta que no debemos consumir tantos medicamentos. Desde luego, es esencial no arrojar fármacos por el inodoro, mejorar la capacidad de las depuradoras, rebajar la cantidad de antibióticos presentes en los piensos y controlar mejor los desechos que generan los hospitales.

El riesgo ambiental analizado hasta el momento apunta a que algunos macroinvertebrados podrían haber engordado por efecto de los antiinflamatorios y que algunos peces, ante concentraciones altas de determinados medicamentos, podrían sufrir mutaciones sexuales, alteraciones cardiovasculares o problemas de motricidad en sus aletas. Esto recuerda tristemente a los peces que nadan cerca de la central nuclear de Springfield, en la serie de ficción The Simpsons.