Restos del vertido del Prestige siguen llegando a las playas gallegas
Noviembre de 2002. Hace más de once años. El buque petrolero Prestige se hunde frente a las costas gallegas, en aguas jurisdiccionales de España. El Gobierno de aquel entonces, dirigido por el PP de Aznar, reacciona tarde y mal y el vertido se convierte en el mayor desastre ecológico del país.

Mariano Rajoy, actual presidente del Gobierno de España, era por entonces portavoz del Gobierno. Tristemente famosas fueron sus declaraciones en las que afirmaba que sólo eran “unos hilillos”. Esos hilillos, que, en realidad, fueron 63.000 toneladas de fuel, siguen llegando a la costa. Más de once años después.

En 2011, llegaron a las playas de la Costa de la Muerte, miles de galletas de petróleo. Un grupo de investigadores analizó su composición química para saber de dónde procedían: su origen es probable que sea el petrolero Prestige. Estas manchas, de entre 1 y 13 centímetros, volvieron a las costas gallegas en 2012. En realidad, estas galletas de fuel son como cantos rodados. Pero su olor es inconfundible: huelen a hidrocarburos.

La petrolera Repsol fue la encargada de sellar las fugas del barco. Pero está claro que no fueron eficientes en el cometido. Desde los 4.000 metros de profundidad, el Prestige sigue escupiendo petróleo. A pequeñas dosis, eso sí. Se calcula que entre 13 y 20 litros de crudo al día.

Restos del vertido del Prestige siguen llegando a las playas gallegas
Los investigadores han calculado que, en los últimos cinco años, el petrolero hundido ha soltado unas 36 toneladas de petróleo. Este proyecto de investigación, que vigila las playas más afectadas por el vertido, como Nemiña y O Rostro, en A Coruña, se ha quedado sin financiación.

Fuel en el fondo marino

Los investigadores tratan de averiguar si las galletas de crudo proceden del barco o del fondo marino, donde estaría enterrado. Algunas de las galletas de chapapote están muy biodegradadas, lo que sugiere que han permanecido en el fondo marino durante largo tiempo.

Los investigadores, basándose en lo que cuentan pescadores y buceadores, creen que hay zonas donde se acumuló el fuel, que, por el oleaje y las corrientes, puede llegar a las playas. Los hilillos se han convertido en galletas. Y Rajoy es el presidente del país.